Un estudio realizado en 2006 en 13 países revela que España es el lugar donde
peor puntuación se le otorga a la Iglesia Católica. Los religiosos se llevan tan sólo un 4,4 y son la segunda profesión peor puntuada. De hecho, España, junto con Japón es el único país que los suspende.
Cuando los números hablan con tanta elocuencia, caben dos posturas por parte de la Iglesia: una es hacer oídos sordos a la opinión mayoritaria, tanto de los fieles como de los que están fuera, y seguir como si nada. La otra es preguntarse por qué una institución de gran repercusión social no consigue llegar ni al aprobado.
El hombre es esencialmente simbólico, antes incluso que racional. En los símbolos está la mejor comunicación, sin palabras, que todo el mundo puede comprender sin esfuerzos. No obstante la Iglesia no hace más que redactar discursos, exhortaciones, motus proprios, encíclicas, cartas pastorales y apostólicas, notas informativas, homilías y toda esa clase de literatura en un lenguaje ampuloso y áulico, sólo comprensible y legible para unos pocos.
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