La oración de
petición nace siempre de un grito del hombre dirigido a Dios con el que pretende arrebatarle una respuesta
eficaz a una necesidad humana concreta.
Con la oración de súplica, el hombre desea fervientemente que Dios intervenga en la historia particular del hombre, y la cambie.
Sin embargo, pedir con intenciones de eficacia, no parece ser el modo cristiano de rezar que Dios desea para el hombre.
La oración cristiana es en sí misma gratuita y materialmente ineficaz, porque no busca resultados inmediatos, ni puede ser nunca moneda de cambio para conseguir cualquier tipo de beneficio contable.
Luego si la oración no es eficaz, ¿qué función desempeña en la vida del creyente? Simplemente, es el modo que el hombre tiene de establecer un diálogo abierto con Dios. Y si hay diálogo es que primero existe la
escucha.