WÓLFFLIN, Heinrich: “El
arte clásico”. 1ª edición en castellano:Alianza Editorial, Madrid, 1982, 2ª reimpresión: 1995. (Edición original: 1898)
Esta obra capital de Heinrich Wölfflin (1864-1945) ha constituido para varias generaciones de estudiosos, conocedores y críticos de arte un texto fundacional sobre el arte
del Renacimiento, en particular el de su período de mayor definición y esplendor- el siglo XVI - y aún hoy es una referencia ineludible para comprender aquella producción en su verdadera naturaleza y en su real proceso creativo.
El método de Heinrich Wölfflin – llamado muchas veces “purovisualismo o teoría de la visibilidad formal” – representó en su momento una renovación en los intereses, tanto de los expertos y de los historiadores como del público modernos, que comenzaron a dirigirse a las cuestiones artísticas propiamente dichas, a los valores esenciales del arte, más allá de los aspectos anecdóticos referidos tanto a los autores como a la época a la que pertenecieron. De esta manera se elude la biografía del artista así como de la reconstrucción del ambiente, tanto físico o geográfico como socio- cultural, por oposición a la postura determinista propugnada por Hippolyte Taine. El autor compartía esta posición
con el escultor A. von Hildebrand, autor de “El problema de la forma” , a quien había conocido durante su permanencia en Italia. Señalemos, además, que Wölfflin había sido discípulo de Burkhardt en Suiza, autor de “La cultura del Renacimiento en Italia”. "El arte clásico" lleva una dedicatoria a su célebre maestro.
Muchos de los juicios que asumimos sin discusión en nuestra cultura artística contemporánea fueron en su momento formulados por Wölfflin, aplicando su método de análisis
formal y precisando sus conclusiones al dilucidar la unidad de un estilo determinado mediante su conocido método comparativo. (Véase a propósito de esto la reseña publicada en este sitio sobre “Conceptos fundamentales de la Historia del Arte”, del mismo autor).
La mayor preocupación de Wölfflin consistía en llegar a explicar el cambio que se va produciendo en los estilos a lo largo del devenir histórico, principio historicista por excelencia.
Abriremos aquí un paréntesis para señalar que, más allá de las críticas que recibió su propuesta, nuestra propia experiencia indica que la aplicación de su método comparativo y la consideración de las categorías formales denominadas por él “conceptos fundamentales” tienen una extraordinaria validez didáctica a la hora de iniciar a los estudiantes en el análisis y la apreciación del arte. Esas posibilidades del análisis formal como modo de comprender las obras y la esencia de un estilo quedan evidenciadas con absoluta claridad en el libro que aquí se reseña.
El autor parte – en su Introducción y en un primer capítulo, denominado Antecedentes – de una serie de contraposiciones entre el arte de los siglos XV y XVI que sólo encuentran explicación sobre el fondo de unas fuerzas espirituales. Con esto queda desmentida la acusación de vacuidad que ha pesado a menudo sobre la postura formalista.
. En los capítulos siguientes se concentra la atención en las obras de autores del arte
clásico italiano por excelencia, el del Alto Renacimiento, siguiendo un orden cronológico en una sucesión de capítulos dedicados a cada uno de ellos.
Este modo de ordenar el material histórico no parte de la intención de presentar las diferencias entre los artistas sino de la de encontrar sus rasgos comunes, como aclara el autor. Sin embargo, resulta notable que Miguel Ángel aparece analizado en dos capítulos: “Miguel Ángel hasta 1520” y “Miguel Ángel después de 1520”. Mediante un profundo y agudo análisis se establece con claridad el cambio de estilo entre los dos momentos que comprende el largo período productivo en la vida del artista.
A esa primera parte de carácter histórico, se contrapone una segunda, sistemática, en la que el ordenamiento se produce al agrupar los conceptos. Esto, precisamente, contribuye a explicar el fenómeno del estilo, ya que así se consigue una verdadera síntesis.
Se comparta o no la postura de Wölfflin en la que el arte italiano del Renacimiento es exaltado en función de sus valores visuales, no se puede desconocer esta obra suya que invita al lector a acercarse a ese arte clásico- tanto del Quattrocento como del Cinquecento- y lo guía para su comprensión acompañándolo en la fruición de esa etapa singular y brillante de gestación de nuestra cultura moderna.
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