Dadaísmo (3) Berlín. En 1918, en plena guerra se proclama un manifiesto dadísta en Berlín, firmado por los artistas de esa región, los de Zurich, y otros artistas de países europeos y esto está relacionado no sólo
con el anti-arte sino también con el espíritu destructivo de la época. Producen collages, fotocollages y como figuras principales encontramos a Grosz y Haussmann.
al perder Alemania la guerra, se proclama la República de Weimar y se afianza el radicalismo de izquierda. En 1919 se producen reuniones tumultuosas no toleradas por la policía. Se fundan diversas revistas y se publican manifiestos. En las revistas figuran dibujos, fotocollages y textos más que cuadros: no se consigue
pintura y tampoco habría dinero para comprarla. Todo esto surge como una crítica a la cultura alemana. Se publicaban diatribas contra el orden establecido y enemistad contra el burgués. Allí dirán : “El arte no existe, el arte ha muerto”. El principal objetivo era combatir el expresionismo abstracto y el cubo-expresionismo. Los berlineses proclamaban a dadá como la única forma artística en realidad. Hacia mediados de 1920 logran su momento cumbre en la Exposición donde muestran obsesión por la actualidad y será el comienzo de su declive. Tras esta Feria, muchos fueron los productos destruidos o desaparecieron. Existían intereses contrapuestos, discrepancias personales, artísticas y políticas. El gobierno imperial les inicia un proceso por injurias al Ejército luego
del cual los dadaístas se dispersaron. El fotomontaje: El iniciador fue Raoul Haussmann. Partiendo de los papiers colleés, produce en 1919 “Material de la pintura escultura arquitectura” y “Dadá cabezas collages” sobre fondo homogéneo siluetea las cabezas de tres amigos teniendo como material recortes de los periódicos. Con ansias de construir más que de crear, nacen estas obras que tenían como base las fotos de prensa y el cine. En 1920 “Fiat Mondes”, “Un cerebro de precisión burgués provoca la revolución mundial ¡dadá vence!” del mismo año, acuarela y
collage fotográfico, todos los elementos pertenecen al universo dadá unidos por contigüidad y superposición. En 1921 “El espíritu de nuestra época”, ensamblaje, es una cabeza de madera con peluca y en la parte posterior diversos objetos adosados, donde lo significativo era título y la obra estaba en la ausencia del espíritu. George Grosz produce diversos ensamblajes como “El burgués Heartfield se ha vuelto salvaje”, 1920, se convierte en una caricatura de un mutilado de guerra, carece de individualidad y su cerebro se ilumina a discreción. Su producción oscila entre personajes más o menos mecanizados y la humanidad individual y coexistencia de técnicas: tijeras y pinceles, todo esto en escenarios fantasmagóricos, deambulando entre perspectivas dislocadas e invertidas. Dadá (4) Hannover. Kart Schwitters, un apolítico que no entraba en el grupo de Zurich, publica junto a obras de Arp y Huelsenbeck una revista “Caballos de plata” sobre radicalismo y dadaísmo. Allí aparecerán la mayoría de sus obras. De la palabra Kommerz (comercio) toma la desinencia
merz para nombrar sus producciones realizadas con desperdicios pegados y clavados. Cifraba sus esperanzas en la revolución del espíritu a través del arte. El arte Merz abarcaba: pintura, dibujo, poesía, teatro y en 1922 arquitectura y toda producción. Pero Arp, Tzara y Haussmann lo consideran parte del dadaísmo. En 1919 produce “Merzbild 13 A. El pequeño merz” en formato oval cubista; “rotatorio”. Había sido diseñador en una fábrica y se siente atraído por las ruedas, las máquinas como abstracción del espíritu humano. En sus obras es frecuente lo mecánico, los cósmico, la abstracción. En 1920, “El cuadro de las estrellas” en madera, tela metálica y periódicos. Al contrario de los berlineses no toma posición alguna, reserva al espectador esa capacidad de establecer relaciones. Resalta la materialidad, las texturas, las superficies de manera que la objetualidad de lo encontrado se impone y fuerza las tensiones entre materia y forma, una ambivalencia que nunca desaparecerá de sus obras. En “Merzbild 31” de 1920, coexisten las diagonales puntiagudas de los molinos de viento, la sutileza de los colores y transparencias y la abstracción en la transfiguración de lo encontrado. A partir de 1921 estas formas escoran hacia juegos cromáticos puros.
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