Introducción En donde nacen las nubes, en la más verde selva y en la cordillera más alta de Costa
Rica, hay una nación que sobrevive desde hace milenios; acumulando una valentía inmensa y una sabiduría nacida de la
tierra. Son los Bribrís.
Este es uno de los grupos indígenas más importantes de Centroamérica, objeto de la fascinación de cientos de estudiosos y el respeto de todos aquellos que los conocen.
Costa Rica es un pequeño país, ubicado en la zona intertropical, entre Panamá y Nicaragua. Sus costados son bañados por el océano Pacifico y el mar Caribe. Pertenece a América Central Ístmica, y a la región cultural Mesoamericana. En el se definen ocho grupos indígenas, que se ubican en veintiún reservas con 380.000 hectáreas. En la totalidad de este terreno se distribuyen un poco más de 25.000 personas, siendo esta cifra una buena aproximación del total de indígenas que sobreviven en el país.
El grupo de Los Bribris habita en las reservas llamadas Talamanca-Bribri y Kekoldi de la cordillera de Talamanca, ubicada en la provincia de Limón, la región caribe del país. También se pueden encontrar en las reservas Cabagra y Salitre, cantón de Buenos Aires, en la costa Pacífica. Los Bribris son el segundo pueblo más grande de Costa Rica con una población de casi 8 mil personas. Cultivan el plátano, base de su alimentación y de su comercio. Con excepciones, hablan su propio idioma y conservan costumbres como la chichada y el baile del Sorbón. Su religión tiene como centro la creencia en un Dios llamado Sibú, creador de todo lo que los rodea. Son expertos en el arte de la cestería, grandes cazadores y admirables pescadores. Sus danzas son ejecutadas con instrumentos de una musicalidad penetrante. El güiro, el sabak, duc caracol, maracas y tambores resuenan en las composiciones de los maestros cantores Bribrís.
El universo según los Bribris
El Suráyum es el lugar o centro de la creación, situado en Alto Lan, Talamanca, en medio de una de las cordilleras más altas de todo el Caribe Es el sitio sagrado por excelencia donde Sibú, (divinidad suprema y tutelar, de índole solar) ayudado por Surá (divinidad de la tierra que reúne varios personajes en sí) y otros seres, fabricó el universo humano de los Talamanqueños. Es el sitio privilegiado y escogido desde el principio de los tiempos para ser centro dinámico de la creación. Esta idea se materializa a través de la figura dinámica del círculo, que comunica los tres niveles cósmicos de la cosmogonía Bribrí :'infierno' o ciudad de los muertos, “tierra" o habitación de los vivos, "cielo" o morada de los dioses.
El U-Suré es la vivienda cónica de los Bribris, que en su construcción y simbolismo integra los arquetipos generales de los tres niveles cósmicos, subdividiéndolos en múltiples niveles o capas a través del nopatkuo (nopuryuok): contenedor de la gran casa o "canasta" cósmica de forma cónica y su homóloga subterránea.
•El primer nivel cósmico es el techo celeste, dominio de Sibú.
•El segundo nivel cósmico es la tierra, hogar por excelencia de los
humanos;
•El tercer nivel cósmico es el inframundo o mundo subterráneo, lugar de los muertos, las esencias o almas (wíkol), Surás (las deidades forjadoras) y de otros seres considerados peligrosos.
El primer nivel cósmico contiene básicamente los atributos del principio masculino, y el tercero los del principio femenino: reproducción y permanencia, los cuales se unen y fructifican en el segundo: dimensión
humana tanto para los vivos como para los muertos. Este esquema no es estático, ya que los ciclos vitales convierten lo masculino en femenino y viceversa, como los espacios diurnos se convierten en nocturnos en forma cíclica y continua.
El Sorbón es la danza ritual que sintetiza y revive la génesis del mundo. En la creación del cosmos, así como en la construcción de la casa de Sibú (Surayúm, casa cósmica de la que U-suré es reflejo), se realiza una fiesta: una inmensa chichada (fiesta en torno a la chicha, icor tradicional hecho de maíz fermentado). Durante esta fiesta, Sibú crea la tierra, los seres humanos, y el día (el sol se eleva por primera vez cuando termina la chichada). Este acto constituye la
inauguración de la casa de Sibú.
El Sorbón también es la conmemoración de la creación de la tierra, cuya formación mítica se realiza a partir de una niña (o niño) que muere bajo los pies de los danzantes. Al morir la niña tierra, la naturaleza vivió, creciendo sobre los restos del cadáver. El "estreno de la casa cósmica" trae consigo una muerte (la niña tierra) - así como la muerte de la semilla dentro de ella - que permite que la "planta humana" (origen de los Talamancas) germine y viva de la misma forma en que sucede con los campos.
Esta gran fiesta de inauguración dió la pauta para que la "semilla humana" - los Bribris y Cabécares - continúen realizando este acto como ritual doméstico, asegurando la fecundidad agraria así como también la fecundidad humana.