Hatshepsut era la hija mayor de Tutmosis y de la reina Ahmosis (la principal esposa). Tutmosis
tuvo además un hijo varón con otra esposa, a quien llegaría a conocerse como Tutmosis II. Hatshepsut se casó con Tutmosis II, pero éste se murió siendo aún joven. Un escáner realizado unos 3500 años más tarde reveló que Tutmosis falleció debido a un fallo cardíaco. Desde que se quedara viuda, Hatshepsut asumió el poder como reina regente, a pesar de tener un hijastro, fruto del matrimonio de Tutmosis II con Asis. Al principio, Hatshepsut actuó en nombre de su hijastro, pero lo relegó pocos años después como segundón. El reinado de la faraona duró veintiún años, desde 1479 hasta 1458a.C. Durante su gobierno levantó y reformó templos y santuarios desde el Sinaí hasta Nubia. Una de sus obras más magníficas son los cuatro obeliscos de granitos que erigió en el templo del gran dios Amón en Arnak.
Los egipcios creían en la divinidad del
faraón y Hatshepsut era de sangre azul. El único problema era la cuestión del sexo, puesto que el hecho de ser faraón era cosa de hombres, según sus creencias religiosas. Pero gracias a su gran astucia, la reina superó este obstáculo. Nunca ocultó su verdadero sexo, pero buscó una forma de sintetizar la imagen de rey-reina. Se cubrió con la vestimenta propia que caracterizaba al faraón y, además, se puso una barba artificial.
Durante su gobierno instauró una época de paz y restauración y abrió el comercio libre con Líbano y las tierras Punt. Su reinado se caracterizó por la prosperidad.
Tras su muerte en 1458a.C., su hijastro Tutmosis III asumió el poder y pudo haber llegado a ser uno de los faraones más grandes en la historia de Egipto. Pero era un guerrero rebelde, destruyó obras construidas por su madre y borró muchas de las evidencias de su existencia como un acto de venganza de su desvergonzada usurpación del poder real.
Aunque ya ha sido encontrada su momia, aún se están haciendo más pruebas para autentificar su identidad.