“Un
hibrido salvaje con una habilidad para buscar pelea con un millón de pedigríes”. Bukowski, a pesar de sus problemas, dejó más que marcas dentales y picaduras de insectos en el mundo literario. El es una anomalía cultural, un desafío a las divisiones convencionales entre el arte alto y bajo,
escribiendo sobre sinfonías clásicas,
peleas de puño, borracheras, sin ninguna separación o apología, sobre la filosofía de la
pobreza y la pobreza filosófica, la trampa de ser absorbido por un grupo igualmente dañado sin vistamientos a el
tipo de grupo, sean mendigos, banqueros o artistas. Su poesía cuenta la historia de un genio viviente fuera de la sociedad siguiendo un camino de sinceridad personal mientras lucha por sobrevivir, y encuentra pequeños momentos de
felicidad y escapa, reteniendo esos rastros de lucidez que preferiría no perder. Es un
escritor desnudo de toda pretensión o distracción, y su motivación principal para escribir es la escritura en si misma. El le da forma a la poesía como un hombre ahogado. Pero esto no es correcto, el mayor halago que le puedo hacer al hombre es que me habría pateado el trasero si me encontrara escribiendo sobre el de esta manera, como uno de esos críticos de arte nocturnos con chupetines en sus traseros. La ultima impresión que te quiero dar sobre la de un buscador de peleas y un escritor de galletas de la fortuna que ha tenido suerte. Bukowski es realmente especial: “Ningún otro hombre se ha recostado en el drenaje, o ha visto más allá de las estrellas. Nadie ha roto tantas reglas como narices tipo Picasso, ni evolucionado demasiado un arte. Y los tiempos cambiarán, pero seguiremos la sabiduría de las charlas poéticas: que aunque un hombre pierda su vianda su necesidad espiritual nunca morirá de hambre.”
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