En 1985, los
medios de comunicación informaron sobre por primera vez sobre el SIDA en Botswana. El análisis realizado a un hombre del pueblo de Otse resultó positivo. En aquel momento, dicho resultado no supuso una amenaza, porque se trataba únicamente de una persona. Los medios lo olvidaron pronto y la vida siguió su curso. La
gente no era en absoluto consciente del creciente peligro oculto en su comunidad. Con el paso de los años aumentño vertiginosamente el número de jóvenes víctimas de la infección, con lo que el SIDA vuelve a ser un tema para los medios. No fue fácil transmitir el mensaje, lo que suponía enfrentarse a una cierta cultura de la muerte, tabúes y creencias. Las familias de los enfermos quisieron ignorarlo al principio, a lo que siguieron las supersticiones. Surgieron muchos nombres como los de la
enfermedad del hombre blanco, de la delgadez, de la la radio, etc. Con la mitad de su población adulta infectada, Botswana es un país agonizante. La gente va de un funeral al otro. En uno de ellos empecé a hablar con una niña Tudi con una gran herida en el brazo. Le dije que tenía que ir al médico para que le diera una medicina para curarla, antes de que la herida le comiera el brazo. "Ni hablar", dijo, mi madre fue a la clínica y de allí se la llevaron al hospital. Lo último que supe de ella es que se había muerto, dijo Tudi. Noté perfectamente el miedo y la tristeza que se reflejaban en su voz. Sola, con dos hermanos menores, Tudi, es una de los miles de huérfanos del SIDA en Botswana, que se enfrenta a un futuro amenazante. Tienen que sobrevivir con la pensión de su
abuela, unos 20 c/ mensuales. Ellos tuvieron suerte, en comparación con otros niños que perdieron a su abuela de la noche a la mañana. No entendían por qué no les despertaba aquella mañana, no era normal que no lo hiciera. Uno de los niños intentó despertarla, sin lograrlo. salieron de la casa y llamaron a los vecinos, que comprobaron que había muerto. Hoy, la enfermedad devasta el país como un fuego que se propaga rápidamente, la gente cae como moscas. Todos los nombres asociados a la enfermedad han desaparecido, ahora se la llama SIDA. La aceptación, la ayuda y las campañas no sirven de nada. Yo mismo he perdido cuatro hermanos, innumerables primos, vecinos y otros parientes, víctimas de esta enfermedad. El dolor y la pérdida hacen estragos. No hay remedio, ni siquiera los medicamentos gratuitos. Ya no queda esperanza.
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