La historia de Carlos / parte 1
Hace muchos años cuando Bahía Blanca era un pequeño pueblo, vivía con sus padres en
una vieja casa muy cerca de la Plaza principal un chico de 9 años de edad; se llamaba Carlos.- Era verano y hacía mucho calor, todos los habitantes del pueblo dormían la siesta después de almorzar, pero a Carlos no le gustaba dormir la siesta; un día mientras sus padres dormían profundamente, Carlos, muy silencioso se levantó y para no hacer ruido se fue a jugar a la vereda de su casa, allí se encontró con un
perrito juguetón, era blanco con mucho pelo enrulado y con una mancha negra en el ojo izquierdo, comenzaron a correr y saltar jugando juntos y así sin darse cuenta llegaron a la Plaza, allí Carlos se encontró con el
vendedor de leña que en su carro tirado por 4 caballos llevaba una carga a la estación de trenes, el vendedor que conocía a Carlos lo invitó subir a su carro y allí se fueron, con el perrito corriendo, saltando y ladrando detrás del carro.
Al rato y muy divertidos llegaron a la Estación, Carlos curioso miraba todo lo que pasaba, había mucha actividad y la gente iba con paso ligero para no perder el tren ya próximo a partir, sin pensar mucho fueron detrás de la gente y casi sin darse cuenta se encontraron arriba del tren que en ese momento partía con destino al puerto.
Cuando llegó el guarda a su lugar ya había escondido al perrito debajo de su asiento y con unas pocas monedas que tenía en su bolsillo pagó el pasaje, que era muy barato ya que el recorrido era muy corto.
Mientras tanto los padres se habían levantado de su siesta, llamaron a Carlos y se dieron cuenta que no había dormido y no estaba en su casa, el papá, preocupado y muy enojado comenzó buscarlo por todos lados sin tener noticias de su hijo; ya bastante tarde se encontró con el vendedor de leña que regresaba de descargar su mercadería en la estación y le contó lo sucedido con Carlos y el perrito.-
El papá regresó a su casa, tranquilizó a la mamá, que estaba muy preocupada, subió a su auto y partió hacia el puerto en busca de Carlos.- Este en el puerto miraba con asombro los barcos que cargaban mercaderías para llevar a países lejanos, los había de todos lados; jugando con el perrito recorrió los muelles y se entretuvo mirando las enormes grúas que cargaban en los barcos pesados cajones; cuando se quiso acordar ya era la tardecita y comenzó a preocuparse por el enojo que la travesura produciría en su papá y mamá: estaba pensando en eso cuando a lo lejos, en el comienzo del muelle vió venir el auto de su papá que con seguridad estaría muy enojado
Asustado decidió esconderse hasta que a su papá se le pasara el enojo, para eso y sin pensar mucho saltó, junto con el perrito a un barco no muy grande que estaba a su lado se tapó con unas lonas que había en la cubierta del barco y abrazado al perrito se acurrucó bajo las lonas, estaban muy cansados de tanto jugar y al quedarse quietos Carlos y el perrito se quedaron dormidos.
CONTINUARA