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Síntesis y críticas breves

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Pillow Book, literatura en la piel

por : ladivinaprovidencia    

Autor : Peter Greenaway
A través de la lectura que su madre le hacía del libro de cabecera de Sei Shonagon, Nagiko aprende que hay cosas en la vida
que vale la pena registrar a través de la escritura. Y decide hacer lo mismo a partir de los seis años. Como la antigua escritora, hace una lista de las cosas que hacen que el corazón lata más rápido; una lista de cosas que la irritan; una lista de cosas espléndidas. Sin embargo, su vida misma se convierte en una lista de cosas para recuperar la sensación de protección y totalidad que el paso de la infancia se lleva consigo. Siendo niña Nagiko recibía de su padre una felicitación por su cumpleaños escrita en su rostro. Al crecer, la obsesión por continuar con este juego la lleva a relacionarse con diversos amantes, en busca de aquel que además fuera buen calígrafo. Tras varias decepciones decide convertirse en escritora y honrar la memoria de su progenitor; deja de ser papel para convertirse en pluma.  Un triángulo de pasión y venganza que desembocará en la fatalidad de la culpa. Nagiko se compromete a enviar trece libros escritos en piel (de la inocencia, de la idiotez, de la incompetencia, del exhibicionismo, de los amantes, del amante). Mas la relación que era cómplice deviene traición y acarrea la consiguiente ruptura que, ante la fatalidad de los hechos, resulta irreconciliable. La caligrafía dérmica continúa en otros cuerpos, cada uno encarnando, a su vez, los siguientes libros ( del seductor, de la juventud, del silencio, de la traición, de las estrellas falsas y de la muerte).   El filme es una delicia visual –como suelen ser los desbordantes montajes de Greenaway-; el cuidado de los detalles en la decoración de los espacios, en los que, además, se consigue la síntesis entre los valores de oriente y occidente, sugiere el ejercicio ritual de lo cotidiano aunado al pragmatismo de la vida contemporánea. Es una propuesta que reflexiona sobre el erotismo y la escritura. Obedeciendo al canon del cineasta, cada escena es una bellísima composición pictórica. El uso de la luz para proyectar los ideogramas sobre los cuerpos o los muros de las habitaciones, revela la presencia del símbolo como un recordatorio del gran tema: LA ESCRITURA, como sentido de vida; como expiación, el erotismo, otra de las constantes de la poética de Greenaway. El libro de cabecera como objeto resulta refugio, alimento y hasta sepulcro. La pasión llevada al punto del fetiche se presenta como una vía de redención. El juego peligroso de los celos y la libertad se explora con fatal consecuencia. El final de la historia es el asumido autoescarnio para uno, mientras que para otro es la continuidad. La imagen de la madre alimentando al hijo de un pecho del que, podemos asumir, mana tinta, es otra forma de herencia que sin importar la pluma, seguirá transmitiendo tradición.   Es esta, quizás, de las películas más digeribles del controvertido cineasta inglés (Gales, 1942) A quien se le ha acusado de ser anticinematográfico.  La mezcla de música tradicional China con el Beat House amalgama un Tao sonoro de gran impacto y memorabilidad.   Pillow Book es una invitación al gozo, a la sensibilidad, a la entrega del placer continuado con puntos suspensivos, a la caricia fonética que va del japonés al inglés al francés; del trazo amable de un cangi a la irreverente letra palmer con que es posible transcribir el Padre Nuestro sobre el torso desnudo y los brazos extendidos de una mujer. Con este ritmo atónito con el que nos sorprende el también director de El bebé de Macon, 1993, alimenta los sentidos y se nutre de los elementos (fuego, tierra, agua y aire). La mayoría de las escenas transcurren en espacios cerrados provistos del mobiliario esencial para expresar el estado de ánimo de los personajes: una habitación con tatamis donde el editor lee los libros vivientes; una amplia oficina de paredes azules con un escritorio repleto de libros; una imprenta donde manos expertas encuadernan, refinan, doblan y engominan largos pliegos de papel sobre mesas largas de madera; una habitación con una cama vestida de sábanas blancas y un ropero-vitrina iluminado por dentro, habitado por instrumentos de escritura; una tina rodeada de espacio donde una pareja retoza en el agua mientras un ama de llaves hace malabares con un plato y un palito.   Una vez más Peter Greenaway cumple la promesa de ofrecernos un mundo más allá de lo vulgar; una cotidianidad sofisticada cuyos retruécanos salvan del aburrimiento ordinario tanto por lo amoral de las acciones –en ese sentido, perverso- como por el riquísimo código de símbolos, metáforas y referencias culturales que aglutina cada secuencia más allá de la historia.   Drama impredecible –condición sin equa non del autor-. Cuando uno se ha subido al tren de imágenes, sonidos, ideas de este director, magistralmente producidas por su alter ego Kess Kassander (1955), no queda más remedio que llegar a la próxima estación, donde por lo regular lo esperan el silencio, la reflexión y la automática retrospectiva; ese espacio de perplejidad que sirve para digerir los contenidos y soltar el aliento con la intención de regresar en otro momento por aquellas piezas que se perdieron en el camino, o para ejercer simplemente el arte de la contemplación sin más.  
Publicado el: abril 15, 2007
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Comentarios sobre Pillow Book, literatura en la piel

Showing 1 out of 1   Añada su comentario.
  1. 0 Puntuación viernes, 17 de agosto de 2007
    1

    Jules

    el cine

    es una excelente sinopsis, revela un conocimiento del tema y ademas una exquisita sensibilidad ademas de la prosa agradable y bien elaborada

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