LA MANZANA DEL PARAISO ¿Y si Eva no se la hubiese comido? Autora: Mª Àngels
Filella i CastellsEditorial: Nueva Utopía MadridPáginas: 245 ISBN: 84-96-146-22-7Palabras: 868 En el Nuevo Testamento observamos que, el gran tema de la sexualidad humana aparece poco en sus textos, y es tratado de una forma muy normal. En el siglo IV hay un giro copernicano, se ha vuelto obsesivo, con una fijación neurótica que lleva a la sospecha, si no a la certidumbre de que este es un aspecto de las vidas de los llamados “padres” de la “intocable” Tradición cristiana, autores de los escritos que fue, ha sido y es vivido muy mal, fruto de represiones seculares y de pésimas experiencias personales plasmadas en “teologías” basadas en filosofías paganas La
autora analiza el mito del paraíso terrenal con la consecuente “caída” de Eva y causa, según los “padres”, de los males que sufre la humanidad. Es un estudio novedoso, original que desmonta las interpretaciones que hasta hoy se dieron y se continúan dando de este mito. Queda claro que se trata de un relato compuesto por los sabios de la corte del rey Salomón,(siglo VI, a.C) reemprendido por los que sufrían el exilio de Babilonia (siglo IX a.C.) para responder a las inquietudes y a los sufrimientos del pueblo de Israel, y que en absoluto es el principio de la creación, como bien dicen las fechas en que fueron compuestos, así pues Eva no fue la introductora del pecado y del mal en la humanidad. En el segundo capítulo aparece un importantísimo episodio sexual de un gigante de la cultura y de la fe como es Agustín de Hipona. Detrás de su figura filosófica, teológica y psicológica está el episodio relacional que durante años afectó la vida y la experiencia de este hombre, presionado entre el amor de una mujer a la que acabó repudiando injustamente por razones sociales, arbitrarias, después de haber engendrado un hijo, y la intemperancia de su madre. Estas difíciles relaciones con el sexo femenino dejaron su impronta en la conciencia, la vida y el pensamiento de este gran teólogo, ambiguamente grande por su pesimismo humano y teológico, especialmente centrado en el infundio que presentaba la sexualidad como la transmisora del pecado original. Esta opinión resultó demoledora para toda la teología occidental. La autora comenta unas cartas noveladas que Jostein Gaarder pone en manos de Floria, nombre de la mujer de Agustín, que acabó como la gran marginada junto con el hijo de ambos, Adeodato. Floria denuncia la acción concreta y la mentalidad justificadora que ampararon esta injusticia, auténtico modelo de muchas otras que han acompañado la historia eclesiástica. Bueno es que se reivindiquen los derechos oprimidos por las salvajes e injustificadas opiniones y acciones de eclesiásticos contra las mujeres, que acompañan y confirman el menosprecio civil y cultural que han tenido que sufrir en silencio, dependientes en todo de la discrecionalidad masculina. Sigue la historia de Eloísa y Abelardo en el contexto del amor cortés del siglo XII, uno de los esfuerzos culturales más interesantes para arrancar la experiencia amorosa del yugo de los comportamientos más primitivos. Si no estuviese detrás el sufrimiento de personas concretas, hoy sonreiríamos al ver que resultase tan difícil constituir una pareja sin que hubiese de intervenir todo el mundo, y sin que se hubiesen de satisfacer innumerables condiciones y limitaciones abusivas, de quienes se atribuían competencias que nadie les había dado. Finalmente el libro nos plantea la vivencia del Obispo Jerónimo Podestá y su mujer Clelia. Que un Obispo católico se decida a ejercer el derecho que San Pablo reconoce explícitamente en el Nuevo Testamento a los Obispos por él instituidos, sigue hoy suscitando las mismas reacciones tan viscerales y de perfil tan bajo. Podestá fue perseguido por el “stablishment” eclesiástico mientras colegas suyos obispos como él en el cono sur latinoamericano, apoyaban “comprensivamente,” contra el máselemental sentido cristiano, las dictaduras, premiándoles con elevadas responsabilidades de gobierno en la Curia vaticana, como es el caso del Cardenal Sodano, gran valedor del dictador Pinochet. Hoy se alza un clamor reclamando el fin de tanta neurosis, de tanta infidelidad evangélica y de tanta incompetencia antropológica. La autora nos ofrece pinceladas de opiniones y documentación seleccionada. Todo es poco para vencer las resistencias en un tema que no deriva de la lógica, la fidelidad a las fuentes o del sentido común, sino de un mundo de ansiedades, obsesiones o arbitrariedades que se intenta justificar penosamente con razones, porque no pueden ser reconocidas como limitaciones ansiógenas inconscientes. La antropología sexual eclesiástica oficial bordea el absurdo y el ridículo, suprimiendo sin ninguna razón teológica o humana suficiente un derecho fundamental de toda persona. “La
manzana del paraíso” es un grito de protesta con argumento. Como aquellos “gritos” latinoamericanos que iniciaron y acompañaron el acceso a la libertad de los pueblos colonizados. La autora nos ayuda, acompaña y nos invita a unirnos a toda clase de “gritos” argumentados en favor de la reparación de las injusticias y las perversiones neuróticas, a fin de recuperar las evidencias de la verdad liberadora, de una sana y madura antropología y de una fidelidad elemental al Evangelio.