El retorno de los brujosMás allá de lo sugerente de su título, este libro no tiene nada que ver con algo como un recetario de brujerías, o una exposición de doctrinas sobrenaturales como sustituto de alguna religión hegemónica. En primer lugar, está escrito en colaboración entre Louis Pauwels -un serio estudioso del esoterismo y gran defensor de las causas sociales-, con Jaques Bergier, un caso de “humanista” del renacimiento en la Francia del siglo XX; uno de los primeros en estudiar la energía atómica y la física cuántica en su país, además de todas las ciencias humanas habidas y por haber. En segundo lugar, no plantea ningún tipo de doctrina ni dogma, sino más bien una
serie de “temas disparadores”, y algunos datos en los que basan una serie de hipótesis, que tienden a producir un cambio en el pensamiento occidental, desde el cartesianismo hasta el concepto de “
realidad” y el positivismo. Es sintomático, que su primer publicación sea de 1960, década que inauguraría cuestionamientos en serie, que luego mal asimilados y comercializados en parte por la falsa cultura “hippie” estadounidense, culminaron en las más paupérrimas características de la posmodernidad, haciendo que,
incluso este texto, fuera tomado como un objeto de culto e inspirara las más ingenuas mescolanzas new age, lo cual si bien no era deseado, escapó del todo a las manos de sus creadores.Principalmente, los autores plantean un método de trabajo, que es el del “realismo fantástico”, o sea, la asunción de una especie de total desapego a todas las constricciones al hora de considerar los hechos con mentalidad “científica” (la cual sí usan, léanlo), o “racional”, en términos de limitar la realidad a lo admisible por la norma social. Su tesis está basada y ampliamente documentada, en la gran capacidad de exceder las leyes que los humanos atribuyen a la realidad por esta misma, así como en el hecho (también real) de que los más grandes descubrimientos y avances en la civilización se deben a quienes siguieron investigando más allá de lo permitido por las leyes de los gabinetes y
textos de facultad. A esta idea, se vuelve indisociable, la de una mentalidad emancipada de los valores occidentales de la ilustración y la falacia del progreso histórico, que aúne la capacidad de pensamiento mítico, simbólico y analógico del “primitivo”, con la proyección a un
conocimiento de la técnica y de la naturaleza mism,a atribuible a los “seres del futuro”.Con esta metodología, de una manera profusa y a
veces difícil de seguir, se analizan desde una visión desmitificadora y no peyorativa, fenómenos por lo general dejados al cuidado de charlatanes por ser “poco” para la ciencia aunque esta les deba mucho, como la alquimia, las sociedades secretas, las civilizaciones desaparecidas, un esbozo de estudio del ocultismo en el partido nazi (fue un factor grandemente influyente y explicativo, un estudio histórico serio del mismo aún falta) y un ENORME etcétera, debidamente documentado y con más que suficiente bibliografía científica, antropológica, histórica y artística.Finalmente, Pauwels y Bergier, consiguen demostrar (aunque nunca quieran que esto sea una demostración tajante), que muchas de las áreas del conocimiento despreciadas por la civilización actual, sean realmente formas cifradas, reservadas para ciertas “sociedades secretas”, o simplemente en códigos ya olvidados, de conocimiento técnico y en el sentido de técnica, nos refrescan la memoria, acerca de que esto no es sólo crear un auto o una nave interplanetaria, si no también por ejemplo, ampliar las facultades mentales o físicas, como cuando nuestros escolares aprenden la técnica de la lectoescritura.El último capítulo de la obra, es el que abarca entonces, los potenciales humanos que la civilización actual soslaya (directamente desperdicia) y que están comprobados no sólo científicamente (se sabe por ej. que el ser humano en estado de vigilia corriente, sólo usa un 10% de sus capacidades cerebrales que aún son desconocidas en un 90%), si no también apoyadas en tradiciones, mitos y textos históricos y antropológicos, por ejemplo los que narran la historia de Boscovich o Edgard Cayce, e incluso textos matemáticos, en el caso de Cantor. El planteo final de la obra, es más bien la interrogante de si en realidad, todo lo narrado por los mitos y las proezas sobrenaturales del esoterismo no está a la mano de cualquiera, por medio de nuestra apertura mental y una total concentración hacia el perfeccionamiento de la técnica en general (para el cual es muy bueno a veces, ver el pasado y lo paracientífico con otros ojos), incluso sin necesidad de muchas más máquinas que nuestra mente.Cabe resaltar que el
texto, además de ser bien documentado, se apoya y extrae información de las obras artísticas y literarias, (adelantándose unos treinta años al paradigma sociológico de Morin), sin caer en el absurdo “vale todo” de la mala posmodernidad; incluyendo a veces, los mismos textos aludidos, como narraciones breves y fragmentos de novelas.Como muchos me han señalado, el texto es difícil, confuso, a veces se pierde el hilo conductor entre disgresiones y ejemplos (que sin embargo sí apuntan a un fin), siendo que conozco pocas personas que lo hayan terminado de leer y menos aún que lo hayan comprendido cabalmente. Creo sin embargo, que es un libro que puede decir mucho a quien lo sepa leer sin prejuicios, intentando comprenderlo y no forzarlo a que quepa en “moldes”, comparta o no su contenido.
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