“Yo sólo quiero pegar en la radio, para ganar mi primer millón...” Con un ritmo muy pegadizo y alegre, Bacilos presenta
su segundo corte de difusión. Pero, ¿no
resulta demasiado explícito el contenido de esta letra? Pareciera que dentro del ámbito de la música pop, estamos asistiendo a una exteriorización consciente de la banalidad misma, que le es inherente. Si bien este género nunca se caracterizó por lo profundo de sus letras, o por la diversidad de temáticas abarcadas, ni siquiera por la variedad ni fusión de ritmos, llegamos a un punto en el que los mismos músicos lo aceptan y se jactan de ello. Y lo que es peor, el público lo consume. Es cierto que es una cuestión de gustos, y que el pop tuvo y tiene grandes exponentes, pero no por ello hay que aceptar que nos digan “escuchame para que gane plata”. Desde siempre me enseñaron que la música es un arte, y actualmente me cuesta encontrar verdaderos “artistas”: La canción de Bacilos que cité al comienzo, es uno de los exponentes más claros del fenómeno al que me refiero. Es decir: no me interesa el arte, ni me interesa dar un mensaje, sólo quiero hacer dinero. Esa es la fórmula del éxito. Y esto también se evidencia en grupos como Bandana, Las Ketchup, Rouge, que son una epidemia mundial gracias a programas como Popstars, Operación Triunfo o Escalera a la fama. En una entrevista se les preguntó a las chicas de Bandana si alguna vez habían ido a un recital, a lo que todas respondieron que no. Resulta increíble ¿no? De por sí, la idea de los reality shows me parece muy pobre, y aún peor me resulta el hecho de hacer un
programa con chicos para que aprendan a cantar y bailar en dos meses, y postular al ganador como el músico más importante del país a fuerza de marketing y publicidad. Lo peor del caso es que estos grupos de chicos que buscan su posibilidad de éxito encuentran una masa de adolescentes dispuesta a entregarles todo su fanatismo, su afecto y frenesí. Son impresionantes las cifras que se manejan por Bandana y Mambrú. Con esto se enriquecen las empresas que armaron el programa y las compañías discográficas. Pero a los chicos tampoco se les paga bien. Canciones limitadas a temas románticos o simplemente a cambiar algo sin saber muy bien por qué o para qué, son escuchadas con tremenda asiduidad en todos los medios. Son aceptadas y hasta pedidas por los oyentes. El propósito del capitalismo se hace explícito en las propias expresiones culturales. Y no hay nada más hegemónico que esto, que es la aceptación de la ideología dominante e impuesta, sin siquiera tomar conciencia de ello.