Toda Colombia fue testigo del caso más reciente de
violencia ocurrido en el país, “barbarie o acto irracional”, de la que
fue victima Lizeth Ochoa. Ocurrido en la ciudad de Barranquilla, por parte de su esposo, Rafael Dangond Lacoutire quien goza de prestigio y renombre en toda la Costa Atlántica.
Si bien es cierto que muchos comentan, que si el esposo tuvo o no la razón para atentar contra la vida de su pareja, no podemos concederle justificación a alguien que comete un acto tan irracional como el sucedido. Antes de emitir juicio alguno debemos entender que no se debe diferenciar entre un poco de
violencia o algo de violencia, como patadas, mordiscos, gritos y muchas otras. Todo es violencia al fin y al cabo. Debemos mirar el hecho con la magnitud que este se merece.
Si por algún motivo se le concede la razón al agresor, pongámonos en los zapatos de la persona que estuvo al borde de la muerte, y tuvo la valentía suficiente para
denunciar al monstruo con quien se había casado y que por suerte no la pasó a mejor vida. Pero muchas veces no basta con denunciar, si las autoridades correspondientes no actúan de inmediato para agilizar el debido proceso.
Está el otro lado de la moneda, quien ha sido victima de este delito debe concedérsele confianza, protección, y ayuda sicológica para que esta persona pueda llevar una vida plena, por lo que el Estado debe hacer notar su presencia en estos casos.
No obstante, se deben hacer nuevas leyes que castiguen con todo el rigor posible esta barbarie que azota al país, instaurando penas más altas a las personas que cometan este delito. Lo que ha posicionado a la violencia intrafamiliar con 17 mil casos el año pasado y 155 muertes al año y va en aumento día con día.
El caso de Lizeth ojalá no transforme a Colombia en un desierto, y se crea que este hecho tan lamentable, penoso y asquiento sea un espejismo de esos que se ven cuando se está perdido. Por lo que invito a mirar si la persona que elegimos para compartir y la que se ha convertido en nuestra pareja es la indicada, para amar y para amarnos.
Si quieres morder hazlo en la cama, si quieres dar patadas hazlas en un partido de fútbol, si quieres gritar, grita de felicidad y si quieres amenazar a alguien, amenaza diciéndole que pase lo que pase siempre le darás amor.
Mira bien con quien estás porque el monstruo puede estar a tu lado, pero si ese es el caso no le tengas miedo.
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