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Síntesis y críticas breves

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Acerca de Dios. Un análisis ateológico.

por : silvirene    

Autor : Silvirene
Acerca de Dios
Del Antiguo Testamento no hay un autor conocido. Alguien lo redactó. Se podría decir que el hombre o
los hombres que lo hicieron, se arrogaron para sí la palabra de Dios. Lo que se viene diciendo por siglos es que las Sagradas Escrituras son la palabra de Dios. Curiosamente se habla de Sagradas Escrituras pero no de sagrados escritores. Se refieren a un Dios creador del cielo y de la tierra, de Adán y de Eva, y de la palabra. Autores desconocidos, que transmitirían las palabras de Dios, quien les habría encomendado tal tarea, (Schreber no fue el primero en recibir mensajes de Dios), anónimos literatos que crean los primeros personajes literarios: Adán y Eva.
Vale decir, que sería impensable la transmisión de la prohibición de los frutos del manzano, sin la palabra.
Mientras Adán y Eva no comieron el fruto prohibido, no existía la muerte. Esa transgresión fue el pecado original, antes de esto no existía el pecado ni el deseo ni la muerte.
Mientras obedecieran la Ley, el Edén estaría a su entera disposición. Era un tiempo sin tiempos. Si bien el jardín del Edén daba cuenta de una belleza extasiante, inconmensurable, allí, no pasaba nada. Vale la pregunta ¿ eran, en ese momento, Adán y Eva sujetos?. Me animo a decir que si bien estaban sujetados al deseo de Otro, Padre, Dios, aplastante y mortífero respecto a la subjetividad, no eran sujetos del inconsciente, sujetos del significante. Mas bien estaban sujetados, alienados al Deseo del Otro.
...Y el diablo metió la cola...Mandó la víbora que sembró la tentación, a la que Eva sucumbió, inscribiendo el pecado original. Transgrediendo la prohibición de la ley, introdujo la muerte, pero también la sexualidad, y así el deseo. Es la ley la que posibilita el deseo.
La transgresión de la prohibición de la Ley, despierta la ira de Dios, que los expulsa del paraíso. Es evidente que el Dios todopoderoso, no es todo bondad, es también un Padre que se enoja y mucho, es un padre que castiga, hasta con la muerte de sus hijos. Cristo puede dar fe de ello.
Ese Dios, amo absoluto, encarna a un Otro, necesario en los orígenes, pero que puede llegar a aniquilar más adelante.
Cualquier mujer embarazada, que lleva en su vientre a ese que en su momento será su hijo, tiene que hacer todo un movimiento para ocupe lugar de tal. Hasta tanto no nazca, un bebé es un feto. Suena desagradable, despectivo, es una palabra exenta de todo afecto. Una futura mamá se refiere a quien lleva en su vientre como “ mi bebé”, no dice “mi feto”. Al nombrarlo como bebé, ya le está dando un lugar. Pero si lo pensamos con crudeza, feto remite a ese pedazo de carne que el incipiente humano es, de no ser por la palabra del Otro. Todavía está lejos de advenir sujeto. Es un objeto que deberá ser libidinizado, sólo así podrá advenir como sujeto deseante. El deseo del Otro, en los orígenes no sólo es propiciador sino que es imprescindible para el advenimiento de un sujeto deseante.
Volviendo al Dios todopoderoso que les da vida a Adán y Eva, podemos ubicar dos tiempos diferentes. Hasta el momento previo al pecado original, era un padre dador y creador del paraíso, portador de una ley y una prohibición. Era el tiempo donde la muerte ni el deseo existían para sus hijos.
Cuando estos pecan, desean, allí el Padre castiga con la expulsión del Paraíso y la inscripción de la muerte.
Puede leerse algo paradójico o contradictorio en el Padre. ¿Cómo puede un padre, castigar con la muerte a sus hijos por haber transgredido la Ley?. Allí, se muestra como creador y dador, pero con un terrible poder destructor. Pero también podría pensarse que el gran acto del Padre para sus hijos, es haberle provisto a los hijos de un escenario tal, que en función de los propios actos de los hijos, pudieran acceder al deseo y hacerse cargo de las consecuencias.
Publicado el: junio 16, 2006
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