La segunda guerra mundial determinó la victoria de las fuerzas aliadas en cabeza de los Estados unidos sobre los países centrales
como Alemania, si bien el mundo se polarizó entre comunistas y capitalistas, en la práctica los norteamericanos se convirtieron en la primera potencia del mundo, por medio de organismos multilaterales como el fondo monetario internacional empezaron a diseñar los lineamientos de la nueva economía mundial, que incluían la apertura de mercados que en términos de Adam Smith conducirían por sí mismos sin la intervención estatal hacia el progreso de todos los pueblos.
En aplicación de éste tipo de tesis, en lo años setenta y ochenta países como Corea del Sur y Singapur altamente influenciados económica y políticamente por el modelo de
desarrollo capitalista pro estadounidense consiguieron salir de la extrema pobreza, para ellos, el auge comercial elevó sus niveles de vida de forma considerable.
Sin embargo, a partir de la década de los noventas, fuentes del mismo Fondo Monetario Internacional comenzaron a hablar de cifras correspondientes a personas que vivían con menos de dos dólares diarios superiores a tres mil millones de 100 en décadas anteriores. La distancia que separaba a ricos de pobres, había pasado de ser amplia a convertirse en un abismo imposible de conciliar. Aún regiones con una estabilidad económica relativa como los países del sudeste asiático y Europa del este, se vieron involucrados en depresiones económicas agudas.
Los organismos como el F.M.I. y la Organización Mundial del Comercio (OMC), antes que velar por los intereses económicos de todos los países, que es su razón de ser, han sido aliados del interés financiero y comercial de los países industrializados.
Las potencias han conminado a los países en vías de desarrollo a abrir sus fronteras comerciales permitiendo al importación de la tecnología, (muy seguramente obsoleta en su medio local), y la privatización del sistema bancario, en tanto protegen sus propias empresas de índole agrícola y textil contra los productos de los países en vías de desarrollo. Esta situación, por ejemplo, se ve reflejada en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio en la aquéllos puntos que tocan los sectores álgidos para la economía colombiana como el agrícola, fueron tratados de forma arrogante por el equipo negociador estadounidense, que sin apego a ningún principio de equidad o justicia, manejó la negociación a su antojo, sin que la delegación colombiana tuviese posición firme al respecto o un sentido de salvaguarda del interés nacional.
Así mismo, se cuentan en el mundo por centenas y miles las personas que tienen sus reparos a la tendencia globalizadota, quienes a pesar de tener justificadas razones para oponerse a las tendencias económicas y políticas mundiales, no pasan de manifestaciones y desordenes que generan caos, y estimulan la reacción de las distintas fuerzas de seguridad de los estados para el restablecimiento del orden.
En torno a la problemática de la globalización, no puede pasarse por alto la crisis del este asiático y al transición Rusa afectadas por las evaluaciones del FMI., en especial la de aquélla en éste caso en tanto permite cuestionar el acertado papel del organismo financiero en aras de la globalización.
La crisis asiática comenzó aproximadamente en julio de 1997, cuando sobrevino una considerable devaluación cuyos efectos alcanzaron a impactar todo el sudeste de Asia, lo cual desencadenó un retroceso económico nunca antes concebido, dificultades causadas en parte por la aceptación de la propuesta de liberación financiera previamente recomendada por Washington.
Contrariamente, el caso de países como Singapur y Corea del sur que escasamente acudieron a consultar a las entidades económicas mundiales. Aplicaron los principios de generación de fuentes de trabajo, altas tasas de ahorro y una decidida intervención del estado, acto seguido, el mundo empezó a ver en éstas naciones, la existencia de modelos de desarrollo alternativos al que estaba en boga, mismos que causaron admiración general, ya la globalización persé debía empezar a orientarse de tal modo que favoreciera intereses mayores a los de el tío Sam.
Corea del sur experimentó un aumento de su producto interno Bruto percápita de 1950 a 1990. Como parte del modelo de desarrollo asiático, los gobiernos advirtieron a inversionistas extranjeros y residentes, la imposibilidad de mover su dinero libremente. Tales restricciones sirvieron de protección contra los cuales
capitales extranjeros que deseaban con toda libertad el control de toda Asia oriental.
A comienzos de los 90’s, el F.M.I. afanosamente presionaba a éstos países para que eliminaran las restricciones al movimiento de capitales las bajo una influencia directa de Wall Streed; a mediados de la misma década, Corea del sur y Tailandia entre otros aceptaron las recomendaciones de Washington, aflojando las medidas restrictivas sobre el flujo de dineros resultando en una estampida de capitales especulativos y la inestabilidad de las economía al recibir dineros a raudales que no se preservaban en la nación convirtiendo el medio en riesgoso para los inversionistas.
Finalmente, aunque los funcionarios locales siguen dispuestos por la defensa de políticas de apertura de mercado queda por sentado en estas líneas que el rechazo a la globalización capitalista seguirá mientras sus políticas de inequidad y exclusión continúen, sólo habrá acuerdo, y esto aunque se lea inverosímil, cuando los billones de seres humanos se beneficien de su adecuado manejo.