Partiendo de las
premisas de que el verdadero
conocimiento es ciencia, y de que la ciencia es
conocimiento universal
y por lo tanto se aplica en todos los casos y no se
modifica, Platón dedujo que la ciencia no puede provenir de los
sentidos, ya
que los sentidos sólo captan cosas temporales, que se transforman
constantemente, además rechaza la inducción, afirmando que la percepción
sensorial es particular y no puede conducir a un
conocimiento universal.
Al negar toda
información proveniente de los sentidos como base para el trabajo de la razón,
concluye que la fuente de datos debe ser la memoria, por lo cual debemos tener
ideas innatas.
Si no podemos
confiar en lo que percibimos por medio de los sentidos, debido a que está
siempre afectado siempre por la generación y la corrupción (las cosas no son,
están siendo), para cumplir con la premisa (heredada de Sócrates) de que la
ciencia es posible, se vuelve necesaria la existencia de otro mundo, en el que
todo sea eterno, no cambie, y por lo tanto permita hacer proposiciones
universales.
Así, Platón
establece la existencia de dos mundos: el mundo sensible, en el cual vivimos,
que es sólo aparente y a partir del cual sólo podemos tener opiniones y no un verdadero
conocimiento, y el mundo de las ideas, al que llamó topos uranus, que es real y
del cual podemos extraer verdadero conocimiento. Podemos usar la memoria como
base para crear ciencia, ya que las almas, originalmente pertenecen al mundo de
las ideas, y en el fondo, aún conservan su recuerdo. Por lo tanto, cuando se
conoce algo, en realidad se le está recordando.
Según Platón,
los objetos que existen en el mundo sensible, son copias de las ideas del mundo
inteligible; es decir, sabemos que una persona es hombre porque se parece a la
idea de humanidad, si todos los hombres son diferentes, esto se debe a
imperfecciones en la imitación de la idea original, esto es igual con todos los
objetos. Entre más se parezca un objeto a su idea, más cercano estará de la
perfección. En la jerarquía de las ideas, las ideas del bien y de la belleza
son las primeras.
El primer
problema que plantea esta teoría es el de cómo se producen las copias, Platón
lo resolvió diciendo que un dios, llamado Demiurgo, era el encargado de
producir copias de lo existente en el mundo de las ideas y ponerlas en el mundo
sensible. Sin embargo, hay un problema más difícil de solucionar, cuya
respuesta no llegó hasta nosotros: ¿cuál es la materia con la que el Demiurgo
hace las copias?.
Una de las pocas
cosas que sabemos sobre la respuesta que dio Platón a este último problema es
que Aristóteles la consideró incorrecta.