¿Es fácil triunfar en la vida? Dicho de otro modo, ¿Acaso todo el
mundo tiene la suerte de alcanzar el éxito en sus
proyectos?
Una cosa es segura: no todos disfrutamos de las mismas oportunidades.
Algunas personas consiguen todo lo que quieren y más, sin demasiados
esfuerzos: gozan de dinero, reconocimiento, respeto, admiración, una
bonita mujer, unos niños encantadores, de una bonita mansión, y de un
parque automovilístico con toda la gama... Otras, y éstas son mayoría,
no alcanzan a casi nada, pese a trabajar duro, si es que tienen la
suerte de encontrar trabajo.
A medida que el tiempo pasa, la distancia que separa los
afortunados de los desafortunados se hace más grande. Ni la destreza de
los primeros, ni la torpeza de los segundos explicarían el abismo
existente entre estos dos grupos. Tampoco se trata de que unos sean más
inteligentes o más capaces que los otros. Existen personas con mucho
talento que, sin embargo, ¡nunca llegan a imponerse al público!
Es dificil hallar una razón lógica que explique el éxito de unos
o el fracaso de otros. No obstante, no hay que desesperar ni abandonar
jamás los
proyectos propios ante el primer fracaso. La voluntad, la
tenacidad, la convicción de que la vida es una lucha contínua son las
bazas con que contamos para perseverar y tentar la suerte tanto como se
la deba tentar.
Sin ánimo de
invitarles a que se resignen, sería aconsejable
contentarse a veces incluso con pequeños progresos. Todo tiene una
concepción inicial que nos permitiría saber si estamos en el buen
camino.
Sin ánimo de invitarles a que sean demasiado modestos, sepan que
los buenos proyectos serían aquellos que son realizables y, por tanto,
realistas y a nuestro alcance.
¡Conservemos pues siempre esa sonrisa catalizadora de la esperanza y de
la felicidad! ¡Que el espejo refleje siempre un rostro radiante, sin
preocuparnos demasiado de las arrugas que lo surcan!