El templo griego se caracteriza por un defecto muy importante y por una supremacía indiscutible a
través de toda
la historia. El defecto consiste en la ignorancia del espacio interno; la gloria de la escala humana.
Quien investigue arquitectónicamente el templo griego, tendrá que huir, señalándolo
como un ejemplar de no-
arquitectura, pero quien contemple sus templos
como una
escultura quedará admirado. Todo arquitecto tiene que ser un poco
escultor para conducir por medio del tratamiento plástico de la caja de muros y
de los elementos decorativos la prolongación del tema espacial.
Los elementos que caracterizan a un templo griego son: una plataforma levantada sobre el suelo,
una seria de palos de bolos apoyados sobre ella y un arquitrabe continuo que
sostiene el techo; era un espacio sencilla y literalmente cerrado, el templo
griego no era concebido como la casa de los fieles sino como fortaleza de los
dioses, los ritos se desarrollaban en el exterior, en torno al templo.
La historia de las acrópolis es una historia urbanística; triunfa por la humanidad de sus proporciones y de
su escala, autónoma en su fascinación contemplativa e impregnada de una
dignidad espiritual nunca más alcanzada.
En el templo griego el hombre camina tan sólo en el peristilo (galería), pero cuando los templos
griegos alcanzas Sicilia y la Italia meridional, los peristilos se hacen más
espaciosos y profundos, esto es un índice de que las gentes itálicas eran
inclinadas a sentir y acentuar los espacios e intentaban humanizar las fórmulas
de la herencia helénica.