Ricardo es un joven encantador,
amigo de sus amigos. No le gustan las mujeres aunque siente un
gran respeto por ellas.
Ya en la niñez se dio cuenta de su inclinación hacia los hombres, pero se negaba a admitirlo porque sentía terror a creerse diferente. Siempre escuchó en el seno de su familia, en la calle, en todas partes, que el hombre era para la mujer y procrear. Él al parecer debía hacer lo mismo. Eso es lo que escuchó desde que tenía uso de razón y en su adolescencia, sintió un
gran acoso sobre esto.
¿Pero eso era cierto? ¿Era así en realidad? ¿Quién puso esa ley o esa norma que se interponía ante los sentimientos ajenos? Pensaba Ricardo.
Y cuando comprobó que estaba enamorado de su mejor
amigo, una lucha interna tuvo que debatir pues estaba hecho un ovillo de emociones.