Por
aprendizaje profesional de las artes visuales entendemos el que un individuo refuerce aptitudes y actitudes que requieren
la producción de obras dotadas con innovación. Esto implica adiestramiento con la posibilidad de creación, y no el que un artista haga lo que puede sin hacer lo que quiere. Para ello bien es cierto que muchas escuelas empobrecen la enseñanza con anacronismos, también la autoeducación es susceptible. El centro de la relación del
aprendizaje siempre es la enseñanza, ya sea un maestro, o libros, exposiciones, tertulia, etc. De cualquier forma existe el riesgo de un profesionalismo pobre. Por eso es deber del aprendiz concretar las enseñanzas de su aprendizaje, además de sus deberes, tanto profesores como alumnos les es indispensable una introspección crítica, con su consecuente transformación de las ideas inculcadas por el medio, y que no van con sus intereses.
El inconformismo del estudiante suele disfrazarse de contracultura, es decir, una moda subversiva, usualmente de izquierda, que por lo regular sólo oculta conservadurismos y reaccionamos estéticos de su mentalidad. La realidad es que esta política y su bohemia alejan la creatividad, ignorando que para transformar el arte deben transformar primero en sus interiores lo que quieran cambiar del arte, la realidad o la sociedad.
Jóvenes de diferentes clases sociales con sus diferencias llegan a las escuelas de arte, y constituyen una lucha ideológica. Con sus propias necesidades e intereses, unos viciados y otros auténticos. El conformismo y la apatía imperan en la mayoría que simpatizando con los modos dominantes ahogan a los pocos partidarios de los modos emergentes. Pese a sus diferencias, ambos concuerdan en la práctica manual de los talleres, olvidando el adiestramiento visual, mental y sensitivo. Por lo que su arte resulta en un egocentrismo, que les impide cuestionar sus motivaciones y finalidades equivocadas. Ellos deben cuestionarse desde su interior para superar los bloqueos, conocer y diferenciar las falacias del medio y los modos dominantes de los residuales y emergentes. Hay que reforzar actitudes, para que los aprendices adopten la reflexión lógica y crítica, y la fantasía creadora. Y no coleccionar recetas.