En los tres primeros cantos del
Paraíso, Dante había exaltado
el orden y belleza de la universalidad de los
seres; en los dos siguientes estableció que tan formidable orden y providencia
general encuentra en el libre albedrío el elemento autónomo que puede
desestabilizarlo con sus inconstancias. Ahora en este canto, tratará del
Imperio, que es la fuente del orden y la paz, no ya del universo, sino de la
vida del hombre, que es una providencia humana de la común felicidad
obstaculizada a su vez por las ambiciones personales y la violencia. El Águila
es el sacrosanto signo del imperio. Dante afirma que éste necesario para
mantener la paz, definida como la felicidad de la vida civil. Cree
Dante que el emperador lo tiene todo, él no
puede ambicionar nada más, en consecuencia, es santo y querido por Dios.
Justiniano es la representación
ideal del ejercicio del imperio para Dante, un hombre de origen humilde que
mantuvo un carácter irreprochable y no fue corrompido por el poder. El
ejercicio de su mandato estuvo signado por la búsqueda de la paz civil. Justiniano calmó la zona oriental, estableció
la paz perpetua con el rey sasánida
Cosroes y emprendió la reconstrucción del Imperio de Occidente. Justiniano es
el último emperador que busco la reunificación del territorio italiano a través
de la lucha contra la resistencia ostrogoda. La inserción de la voz de
Justiniano pone de manifiesto el fervor de Dante hacia la institución imperial.
El autor espera la llegada de las tropas del emperador Arrigo VII de
Luxemburgo en Italia y nos hace ver que
él es la única esperanza para esta desordenada y convulsionada nación. La
crisis italiana es reflejada a través de la insistencia del autor por acentuar
la corrupción de Florencia que fue bañada de sangre en la guerra entre güelfos
y gibelinos:
para que veas con cuánta razón
se obra contra el sacrosanto
signo
quien de él se apropia y quien a
él se opone.
(Paraíso VI, 31-33)
Dante ya no pertenece a ninguno de los dos
bandos en disputa: los gibelinos quieren sobrepasar el poder del imperio, la
institución por la que supuestamente luchan; y los güelfos, que responden al
Papa, se oponen a la intervención del Emperador, mientras que Dante requiere su
intervención para sujetar a los díscolos gibelinos y para poner en orden la
curia papal romana. Los güelfos oponen al Imperio los lises dorados de la casa
de Francia, representada por los partidarios Anjouinos; los gibelinos hacen uso del signo para su
intereses partidarios. Dante denigra ya a todos los que se oponen al Imperio,
no sabiendo cuál es peor. El autor-personaje no sólo critica la conducta
perniciosa y partidaria de los gibelinos sino que también refleja el profundo
dolor que le suscita la sumisión de los güelfos ante los lises dorados de la
monarquía francesa. Pero las garras del águila no permitirán nunca que los
franceses conquisten a Italia. Dante sentía un odio profundo por los franceses.
En este canto se exalta la derrota del rey de Nápoles Carlos de Anjou, en su
pretensión de conquistar Florencia para entregarla en las manos del
Papado.
El pasado del Imperio se empequeñece ante
lo sucedido en manos de Tiberio, tercer César, a través de la mano de Pilatos
le fue concedido al Imperio el peso de condenar a Cristo y así satisfacer el
castigo debido al pecado original. Pero este hecho, paradójicamente, hizo que
el Imperio formase parte de un orden providencial y colaborase como instrumento
de la Redención. Es
importante desarrollar la idea medieval del castigo no como "pena
infligida al injuriante" sino "pena infligida al injuriante por quien
tiene jurisdicción para castigar", porque si la pena es aplicada por un
juez ordinario, no se trata de "castigo", mas bien hay que llamarla "injuria".
Por tanto, si Cristo no hubiera padecido bajo juez ordinario, no hubiera
existido aquel castigo. Y no podía ser juez ordinario sino quien tuviera
jurisdicción sobre todo el género humano. El Águila, que había castigado en
Cristo el pecado de Adán, venganza del
pecado antiguo, corrió a la ciudad de Jerusalén a castigar su muerte y cobrar
venganza, hay una clara alusión a la destrucción de Jerusalén por parte del
emperador Tito en el año 70. La continuidad del Imperio Romano en el Sacro
Imperio Romano se manifiesta por el hecho que cuando los longobardos al mando
de Desiderio atacaron a la
Iglesia en al año 773, Carlomagno vino en su socorro, y a su
vez en el año 800 fue coronado Emperador en la antigua basílica de San Pedro en
Roma. La conclusión que nos deja Dante es que el imperio es absolutamente
necesario para la paz y el mantenimiento de un orden providencial. La
naturaleza del imperio nos muestra una deificación, un fervor del mundo
medieval por un ser casi “divino”, que conducía los destinos de pueblos
convulsionados por guerras civiles y religiosas; Dante también estaba haciendo
un reclamo: Que la Águila guerrera asumiese su rol y que su fuerza se hiciese
sentir ante la prostitución de la casa reinante francesa y el desorden de la
curia romana.