Una frustración, obviamente, genera una gran angustia y lo que se creía sería una alegría se desmorona ante un error nuestro o un acto de ingenuidad, pues nada está asegurado hasta haberlo logrado, por esa razón nadie debe crear falsas expectativas, porque luego al no cumplirse se oscurece todo el panorama. Cuando ocurre esto luego nos cuesta recuperarnos, porque es difícil lograr el equilibrio luego de una frustración, no obstante, siempre debemos mantener la guardia en alto y no dejarnos vencer por ningún tropiezo que tengamos en el camino, que sabemos los hay a montones, el tropezar de nuevo y con la misma piedra es muy de los seres humanos, porque los animales una vez que tropiezan no vuelven por ese camino, pero nuestra especie es diferente y por eso volvemos a cometer los mismos errores que muchas veces nos han hundido en profundas depresiones que nos desbastan anímicamente, con todas las consecuencias negativas que ello conlleva. Ningún ser humano debe dejar su vida librado al azar, porque eso de que Dios proveerá, es solo una metáfora que no se realiza sin nos esforzamos para lograr nuestra provisión; somos nosotros los responsable de que las cosas salgan bien, seguramente para los que creemos en Dios, sentimos el apoyo divino, pero nuestro Señor, no hará las cosas por nosotros. Los seres humanos somos imperfectos, pero ello no indica que nos despreocupemos de nuestro futuro, porque la planificación debe existir para realizar un tránsito eficaz por nuestra vida, sea en la orbita familiar, social o laboral. El planificar nuestros actos nos permite recorrer el
sendero con mayor tranquilidad, pero si avanzamos a la buena de Dios, seguramente cometeremos errores que nos provocarán una larga angustia. Todo andará mucho mejor si tenemos planes bien pensados. Intentemolo.
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