Hay que levantarse temprano ”, “ hay que portarse bien ”,
“ hay que estudiar ”, “ hay que dar las gracias ”, “ hay que saludar”,
“ hay que ser amable con la gente”, “no hay que llorar”, “no hay que aflojar” hay que... hay que... hay queee!!
NO. No acaba de despertarse de una pesadilla. Simplemente son algunas fugas de nuestro subconsciente, comunes a usted y a mí, y familiares a todos los seres humanos.
Estos son los mandatos... de los cuales, sin que nos dieramos cuenta, fuimos víctimas, desde que comenzamos a tener uso de razón. Luego, con el paso del tiempo, algunas veces nos fuimos transformado, inconscientemente o no, en victimarios de otros. Quizás hemos usado alguna otra palabra, tal vez con una sonrisa, con amabilidad o con autoridad delegada, pero siempre, más o menos con este subtexto: ¡Esto es así !
Y así, hemos seguido caminando dentro de la misma rueda, como víctimas, como victimarios, o ambas cosas a la vez. Como resultado encontramos : leyes que no son esenciales, la moda dictatorial en la vestimenta, bombardeo publicitario, costumbres en el hablar, reglamentos sin un verdadero contenido moral, etc.. Estas “leyes” y otras tantas imposiciones más, han hecho que vayamos perdiendo, en parte, nuestra valiosa identidad, esa verdadera identidad que quiere manifestarse, a través de nuestro cuerpo, de nuestra real forma de hablar, de la ropa que usamos, o de otras facetas que aún no conocemos de nosotros mismos.
¿Es posible frenar esta rueda? Según a cuál rueda nos refiramos. A la rueda externa, la que caminamos día a día, la rueda del mundo que nos rodea que ya tiene sus códigos antiguos y su tenaz sistema movido por hilos de intereses ajenos a nosotros, no la podemos detener. Esa seguirá siempre. Pero hay otra rueda, la interna, que gira dentro de nuestra mente, con pensamientos, deseos, emociones, sentimientos, sueños y proyecciones, que están afectados por aquellos mandatos... a esa rueda sí la podemos frenar, o por lo menos desacelerar.
-¿De qué forma?
-Tomándonos el tiempo para replegarnos, para reflexionar sobre nosotros mismos y desde ahí afrontar el desafío de volver a ser lo que realmente somos.
-Pero entonces necesitaré la ayuda de algo o alguien.
-Existen muchas alternativas que nos pueden ayudar. Incluso, al final de este texto encontrará una de ellas, con sólo cliquear en el link. Pero recuerde esto: la única persona que lo conoce a usted, es usted mismo; sólo que tendría que acceder a verse tal como es, con todas sus virtudes y defectos, posibilidades e imposibilidades, haciendo oídos sordos a su propio sensor. Atrévase. Se encontrará con la libertad que le pertenece.
Si lo intenta, se estará dando la posibilidad, a usted mismo o a usted misma, de dejar de ser víctima “del afuera”. Y esto provocará tal transformación en su interior que modificará también su rol de victimario, al menos en las mismas áreas en las cuáles usted fue víctima.
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