Viajar, ir de
vacaciones... ¿a quién no le gusta? Y cuando salimos
en familia hay doble motivo de felicidad y alegría. Planificar, elegir un destino que les guste a todos, optar por un hotel o alquilar una casa o departamento por la temporada... Son todos preparativos que nos llenan de entusiasmo.
Sólo puede llegar a surgir un motivo de preocupación si es que no hemos pensado con tiempo los detalles:
nuestro perro. Si lo llevamos con nosotros, ¡estupendo! Pero, como primera medida debemos buscar
un hotel donde acepten animales, o si alquilamos
una casa y alguna vez tenemos que salir sin él, debemos cerciorarnos de que quede bien protegido, porque, hallándose solo en un lugar extraño, puede querer escaparse, para buscar a la familia, y extraviarse.
Otro detalle, es el traslado. Si vamos con auto, no hay problema, siempre que nuestro perro ya esté acostumbrado a viajar en cortas distancias. Debemos tratar de que el viaje no lo estrese. Se hace necesario parar cada tanto, darle agua fresca y hacerlo caminar un poco para movilizar sus músculos.
Si viajamos con otro medio de transporte, hay que hacer todas las averiguaciones pertinentes para cerciorarnos de que irá cómodo y seguro.
Si el perro debe quedarse, lo ideal es que sea en casa, con alguien conocido y con el que
nuestro compañero tenga simpatía. Debe ser una persona responsable y, por sobre todas las cosas, con mucho
amor por los animales, que le dé la
alimentación adecuada, aquella que nosotros ya habremos provisto con todas las instrucciones, que lo saque a pasear y que no permita nunca que le falte agua fresca y
buena ventilación en el sitio donde se encuentre. Si buscando entre todos los familiares y conocidos no aparece nadie, tendremos que optar por un sitio de
alojamiento para perros. La búsqueda de un
buen pensionado es una tarea a la cual nos deberemos dedicar con esmero. No nos quedemos con el primer lugar que visitemos. Hay muchos, pero necesitamos encontrar aquél en el cual nuestro amigo se encontrará lo
mejor posible durante su estadía. No sólo observaremos
la higiene, sino
el espacio que tiene cada animal para esparcimiento, la atención (amorosa y dedicada, o no) que tienen las personas que los atienden y cuánta “privacidad” tendrá
nuestro perrito en ese lugar.
Luego viene la aclimatación. Trataremos de visitar 2 o 3 veces el sitio con “el interesado” para que se acostumbre a los olores, al espacio y a la gente. Por último viene la separación, que inevitablemente tiene algo de tristeza para ellos y también para nosotros. Pero, con todos estos preparativos, menguaremos mucho ese estado y haremos que el alejamiento no parezca tan largo.
El siempre nos estará esperando, pero, cuanto mejor se halle menos lo sufrirá. Todo lo que podamos hacer a favor de ese ser maravilloso que nos ama incondicionalmente nunca es demasiado.
El se lo merece. Lo hermoso será cuando regresemos y alguien feliz nos reciba
moviendo la cola y saltando de alegría : “Cómo te extrañe... ¡pero disfrutemos ahora de nuestro encuentro!
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