El presidente, el primer ministro y dirigentes religiosos de ambos los lados se reuniron ayer, en más un intento de encontrar
solución para la
violencia sectaria en Iraque. El recogerse obligatorio en Bagdad mantiene los coches lejos de las calles, pero no impide los confrontos entre sunitas y
xiitas.
"Ningún país puede tolerar tal cancro en la vida política", dijo en enviado de la ONU a Iraque. Ashrat Qazi condenó los "actos de violencia ciega" que destruyen "el tejido social y económico" iraquíes. La violencia, de origen etnico religioso, ha motivado la intervención de varios líderes religiosos opuestos, dentro y fuera del país.
Ayer, el líder sunita Harith al-Dari dijo "nim" a la propuesta del xiita Moqtad al-sadr, que invitó a los líderes religiosos a emitiren leyes religiosas, fatwas, para prohibir la muerte de xiitas, prometiendo oponserse al mandado de captura que se impone sobre Dari, sospechoso de participar de la violencia sectaria.
"Desde los primeros tiempos hemos condenado la matanza de iraquíes, sean ellos árabes, curdos, muzulmanes o no muzulmanes, sin especificar", dijo Harith al-Dari, en una conferencia de prensa en Cairo.
"Las decisiones políticas condujeron al país a un callejón sin salida; dejaron a Iraque en la borde des abismo", dijo al-Dari. "Invito los países árabes y Egipto a oponerense a este Gobierno parcial, este Gobierno sectario que explora al sectarismo", añadió.
La Organización de la conferencia Islámica (OCI), expresó " gran preocupación con los odiosos actos de violencia, las intolerables luchas confesionales y los masacres repugnantes de hermanos de la fe". El secretario general de la OCI, Ekmeleddin Ihsanoglu, recordó que tanto los xiitas como los unitas iraquíes juraron en Meca "no violar la sacralidad de la sangre muzulmane y incriminar a los que lo hicieron".
Palabras sin eco. Ayer, fueron encontrados los cuerpos de 21 campesinos xiitas de la misma familia, incluyendo mujeres y niños, ejecutados en Balad Ruz en el calderón etnico religioso de la provincia de Diyala. En Bagdad, un mortero cayó sobre un funeral e hizo más un muerto, mientras los militares de E.E.U.U dicen haberen abatido a 22 insurgentes. Com presidente George W. Bush y el vice presidente Dick Cheney en tránsito por el Médio Oriente, a "subrayar la determinación de Washington para reunir los aliados en un momento en que está reconsiderando la política para Iraque", como escribe Donna Abu-Nasr, en el periódico Washington Post de ayer, los Demócratas, en E.E.U.U buscan nuevos caminos. "Vamos a trabajar con el presidente y nuestros collegas Republicanos del Congreso para abrir un nuevo rumbo para Iraque, pues éste, por supuesto, no resulta nada" , dijo el senador Steny Hoyer, en el día en que Cheney se reunió com el rey Abdullah de Arabia Saudita.
Acto que corporiza una estrategia estadounidense, basada en el desespero, que llama a campo los amigos árabes moderados y hasta mismo, admite aceptar la ayuda de enemigos como Síria e Irán.