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Síntesis y críticas breves

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Shvoong Principal>Arte Y Humanidades>Elogio a la Traicion - El Caso de Judas y Jesus

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Elogio a la Traicion - El Caso de Judas y Jesus

por : gabriel12381238     

Autor : JOSE GABRIEL
La pascua cristiana recuerda la muerte de un judío y la traición de
otro. Jesús ha quedado como el modelo del sacrificio altruísta, y Judas como el nombre del egoísmo más abyecto. Quizá la historia no sea tan simple, y el traidor haya sido mucho más generoso que el héroe: la traición siempre es mas fácil que la gloria.

 

El tren era italiano; sudoroso, atestado, muy gritón. Ese compartimiento de segunda tenía asientos para ocho pero; cuando paramos en la estación de Ventimiglia, en la frontera con Francia, éramos siete: tres alemanas jóvenes robustas, una mamá con su hijo de quince y veitiocho salamines, un obrero ferroviário, yo. Era de noche, agosto de 1979, hacía un calor de perros y todavía faltaban muchas horas para llegar a Barcelona. Entonces entró el octavo pasajero: era un señor de más de setenta años, alto, muy flaco, con una larga barba blanca, los pelos blancos atados a la espalda, una túnica de lana blanca rústica, un pantalón blanco de lino, sandalias de cuero, un morral de lana atravesado sobre el pecho y un bastón de viejo peregrino. La cara majestuosa.
 

& middot;         ¿Perdón está ocupado?

Preguntó en italiano, y señaló el único asiento libre, junto al mío. Yo lo miré con odio: contaba con ese asiento para expandirme un poco. Pero el santón me miraba sin verme: era su propio monumento. El santón se sentó en posición de flor de loto, con la espalda mas derecha que el trozo de un caballo: estaba espléndido.
 

Cuando el tren arrancó, me preguntó en italiano en que idioma quería que conversáramos. Yo era jóven y le dije que lo que él quisiera; entonces me preguntó de dónde era yo.
·         Ah argentino, Yo tengo una gran amiga argentina.

Dijo en castellano. Según las reglas, el santón tendría que haber esperado que yo le preguntara quién, pero él estaba más allá de todo eso.

·         Victoria Ocampo, pobre, que acaba de morirse.

Yo lo miré con más sorpresa todavía y, después de un rato, le pregunté quién era:

·         Soy Lanza del Vasto.

Me dijo, poderoso, como si eso fuera más que suficiente para encender mis reverencias. Yo le confesé, con vergüenza, que ese nombre no me decía nada, y él me explicó que era un teólogo con muchos libros publicados y que su amiga Victoria lo había invitado varias veces a la Argentina, donde había conocido a mucha gente.

·         ¿También conoció a Borges?

Le pregunté, y él me dijo que sí. Era una salvación posible: algo de que hablar. Recordé un cuento de Borges sobre Judas – lo mas parecido a un debate teológico que había leído por entonces – y se lo comenté.

·         No, esas son tonterías. En esta materia, Borges es un amateur.

 

Me dijo, y empezó a contarme su versión de judas. El calor dejó de ser molesto, los gritos se alejaron, el sudor ya no olía: durante un par de horas, Lanza del Vasto me enseñó a pensar en ese hombre, a reconocer la importancia infinita de su gesto.

 

 
Las pinturas renacentistas lo muestran con la clásica cara del judío taimado, del judío pintado por antisemitas: los ojos chicos, el pelo renegrido, la nariz torva, la barbita afilada. Pero nadie sabrá nunca que cara tuvo Judas. Tampoco de dónde venía, que edad tenía, que hacía en la vida antes de dejarlo todo para seguir a Jesús por Israel, junto con los otros apóstoles. Lo único que se sabe de Judas Iscariote es que un día, hace 1966 años, entregó a su jefe y se convirtió, sin más trámite, en el símbolo universal de la traición.
 
Aquella semana, hace 1966 años, Israelf
Publicado el: febrero 23, 2008
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