En su clásico libro Verdad y método el filósofo alemán Hans-Georg Gadamer se propone mostrarnos, apoyándose en amplias y
eruditas referencias históricas y filosóficas, que la verdad no es monopolio exclusivo de las ciencias que operan con reglas metódicas estrictas destinadas verificar en las hechos las hipótesis que formulan sino también brota de otras experiencias que los hombres hacemos en el terreno de la filosofía, del arte y de la historia. Estas experiencias nos revelan verdades que trascienden las que las ciencias obtienen mediante el uso y la aplicación de su método. La hermenéutica debe enseñarnos la manera como podemos acceder a estas verdades, es decir, la manera como debemos y podemos
comprender lo que estas obras y textos de la tradición cultural nos dicen, nos hablan y nos interpelan sobre algo significativo de nuestro ser. La posibilidad que tenemos siempre de comprender estas obras nos viene de que, por una parte, están hechas de la materia del lenguaje; solo podemos comprender lo que se nos presenta bajo la forma de un lenguaje; y por otra, de que somos ante todo y originalmente seres de comprensión como se los enseñó su maestro Heidegger. Podemos siempre comprender los textos de la tradición porque nuestra existencia está constituida por la comprensión misma. Para poder comprender correcta y adecuadamente un texto es necesario que sigamos los siguientes pasos; pasos que no son para él reglas metodológicas sino aspectos que brotan de los textos mismos y que de alguna manera se nos imponen: El primer paso es el de recorrer el texto en una especie de círculo, el círculo hermenéutico que describió Heidegger, que consiste en que debemos leerlo a partir de una partir de una comprensión provisional o previa, de una pre-comprensión; y después de terminada su lectura tenemos que regresar a esta pre-comprensión inicial para corregirla y modificarla de acuerdo el sentido general que alcanzamos. El segundo paso es el del esforzarnos por distinguir entre los
prejuicios verdaderos y los falso que contiene el texto. No todos los prejuicios son juicios falsos sobre algo en el mundo como pretendió demostrarlo el pensamiento Ilustrado. También existen prejuicios verdaderos que sostienen la validez del texto que debemos captarlos y comprenderlos en su auténtica dimensión. Estos prejuicios que encierran una verdades que no pueden ser demostradas con los métodos de las ciencias y que sin embargo nos revelan algo significativos de nuestras vidas. Comprender un texto es reconocer en estos prejuicios que exponen verdades significativas de nuestra vida. El tercero es aceptar que existe una distancia en el tiempo entre nosotros y el texto de la tradición cultural que tratamos de comprender. Una distancia temporal que nos exige la necesidad de desplazarnos hacia la situación histórica pasada en que brotó el texto. Desplazamiento que no significa que tengamos que abandonar nuestra propia situación histórica y socio-cultural, el horizonte de significados en el que vivimos, sino, al contrario, llevarlo con nosotros consigo a esa situación en que vivió su autor para tratar de integrarlas en un horizonte común más rico y amplio. Lo que hacemos en este caso lo denomina Gadamer la fusión de horizontes. El cuarto paso que debemos dar para alcanzar una comprensión correcta es el de aplicar en un caso concreto presente de nuestra existencia el sentido que hemos alcanzado del texto. Pues al aplicar ese sentido a una situación particular para aclararla o hacerla comprensible logramos una prueba de la validez de ese sentido que asegura su vigencia histórica. Es en el acto de aplicar el sentido de un texto que se logra confirmar su continuidad en el tiempo. Pero además logramos enriquecer ese sentido general del texto en la medida que la situación concreta en la que lo aplicamos nos revela algo nuevo y diferente que no estaba contenido en el texto. Por eso comprender es también integrar siempre lo particular en lo general para ampliar el significado de su existencia. El quinto es el de que debemos experimentar o sentir ese texto en su verdadera alteridad, es decir, tenemos que oírlo con atención para dejarnos decir algo del él. Y al oírlo aprendemos algo que no sabíamos que nos enriquece el horizonte de significados de nuestra existencia. Solo podemos en verdad comprender un texto de la tradición cuando dejamos libremente que nos habla y nos interpele para que nos diga algo significativo. Y finalmente para comprenderlo adecuadamente tenemos que formularle una pregunta correcta. Una pregunta que no le debemos imponer arbitrariamente sino que debe brotar del texto mismo y que comenzamos a captar a través la comprensión previa que logramos. Y que nos debe conducir a buscar en él la respuesta que a esta pregunta que él mismo formuló. Pues todo texto es un intento de respuesta a una pregunta original de su autor que le sirve de punto de partida de su elaboración. De tal manera que al final de la lectura comprendemos el texto porque encontramos la respuesta que el otro, que su autor, buscaba. Con estos pasos apenas enumerados aquí Gadamer nos propone su propio círculo hermenéutico de la comprensión. Círculo que nos describe los actos que debemos cumplir para alcanzar a comprender un texto de la tradición cultural; comprensión que una vez alcanzada nos confirma y renueva a nosotros mismos lo que somos en esencia, seres de comprensión.