La
maternidad es un acto de reproducción que atañe, no solo a los seres humanos, sino, en diversas formas, a todas las especies
de la naturaleza. En casi todas ellas, el proceso que va desde la concepción hasta el nacimiento, es encargado a las hembras. Una curiosa excepción, la constituye el caballito de mar. Ambos, macho y
hembra, después de una danza nupcial, donde la hembra es la que corteja al macho, se entrelazan por la cola y la hembra introduce sus huevos en la bolsa ventral del macho, quien posee una especie de placenta similar a los humanos y en cuyo vientre, se originará la reproducción de su descendencia. Pasados de entre 20 a 35 días, el macho empieza su labor de eyección de los jóvenes, que en cantidad superior a los 400 nacerán, mediante un acto que parece ser agotador para el acongojado padre.
En los animales la práctica de la concepción lleva a formas que incluso pudieran ser consideradas actos de innegable heroísmo. Este es el caso del Salmón, un pez que para desovar, nada en contra de la corriente, subiendo empinados riscos e inmensas caídas de agua, distancias agotadoras. ¿La finalidad? Unirse a la hembra, desovar y realizada la reproducción, morir. Otro caso de muerte parecida, es el de las arañas. Los machos se afanan en la búsqueda de las hembras a sabiendas que serán inmediatamente muertos, y digeridos por ellas, apenas logren fecundarlas. La vida límite de una araña macho, se presenta una vez llegada su oportunidad de reproducirse, acabado el acto de unión copulativa, la araña hembra, lo devora.
Los animales mayores refrendan también, mediante cautivantes ejemplos, esta experiencia reproductiva. La unión se da siempre, a partir del dominio de los más fuertes, marginando a los débiles o enfermos, lo que garantiza, una descendencia recia y vigorosa. Llegada la concepción, la naturaleza animal se empeña en la tarea de criar los retoños, enseñándoles, mediante el instintivo ejemplo, los arduos ejercicios para la vida.
La maravilla reproductiva de los animales, no se equipara ni compara con la de los seres humanos. La conjunción o unión de la pareja, surge a partir del elemento más consistente y sustancial que existe en todo el reino natural: El amor. Es a partir de este exclusivo elemento humano, que las parejas, unidas y comprometidas, procrean su propia estirpe. La labor de engendrar, llevando consigo, adherida a su cuerpo, por un tiempo extensivo los hijos, alimentándolos con el fruto de su propio cuerpo, le atañe al ser cuyo solo acto la eleva a la nobleza de la vida misma: la madre. Históricamente, esta labor fue desempeñada por ella, enclaustrada dentro del hogar, a dedicación y tiempo exclusivo, posteriormente y a partir de los requerimientos para el crecimiento y desarrollo de la sociedad, fue incorporada al proceso productivo.
En las sociedades modernas, es la madre quien realiza el trabajo, tanto reproductivo, como social. Haciéndose cargo de la crianza y educación de los hijos, la preparación oportuna de los alimentos para la familia, además de mantener limpio y ordenado el hogar. Estimaciones realizadas por la CEPAL, señalan que la incorporación de las mujeres al trabajo, ha representado cambios favorables en la economía. Si bien, las estadísticas, señalan que tan sólo el 2% de las mujeres, en el mundo desarrollado, se ubican en cargos gerenciales o de decisión, no cabe duda de que ha logrado desbaratar los sistemas tradicionales de gobierno patriarcal.
La tenacidad de la mujer – madre, ha logrado, con su contribución, disminuir los niveles de pobreza incrementado los ingresos del hogar. En el Perú, el número de hogares dirigidos, exclusivamente por mujeres, tiende a incrementarse. Así, de 750 mil hogares mantenidos por mujeres en el año 1,983, se pasó a un millón 110 mil en 1,993. Cifras que refrendan la preponderancia de la mujer, madre y trabajadora.La postergación en la que se vio envuelta, ha cedido el paso a una relevancia innegable en las organizaciones. Hoy se puedehablar de la mujer con acceso igualitario al estudio y al trabajo, y con destrezas y sagacidad para ser jefa de hogar, a la vez, transformándose, del ser socialmente inactivo al que le condenó la historia, a un elemento productivo y lo mejor, con la capacidad para tener el control de si misma.