¿ Quién lo sabe?, aun estando en la guerra, uno no sabe si sobrevivirá o quedara
en el campo de batalla y lo peor en este caso es quedar mutilado en alguna parte de su cuerpo. Desde la cuna al ataúd, esa pregunta estará latente. Cualquiera y en cualquier momento se puede ir de este mundo
terrenal, siendo un bebe, un adolescente o un anciano, sabido es que en los dos primeros casos, poca conciencia se tiene de la muerte, pero a medida que va pasando el tiempo y cuando se pasa la barrera de los 40 años de vida, comienzan en uno una serie de inquisiciones, porque a nadie le agrada marcharse sin haber logrado dejar sus huellas, pero todo en ese terreno es tan impredecible, pues solo nos separa entre estar vivo y no estarlo, una pequeña línea roja, son unos pocos segundos sin aspirar oxigeno, recibir un mal golpe en la cabeza, o un disparo o un ser victima de un ataque con arma blanca, entre otras cosas.Todo eso es fugaz y dejaremos de existir. Para los
creyentes tenemos la esperanza de que después de esta vida, encontraremos otra mejor, para los no creyentes, es esta vida y punto, o sea que tratan de vivir de la mejor manera el tiempo que les toque vivir en el globo terráqueo, en realidad nadie volvió del mas allá para contar como se vive allí, pero eso es cuestión de fe y en lo personal, prefiero practicarla, porque me pone bien hacerlo. Volviendo al tema central de esta nota, nadie tiene la varita mágica, por lo tanto no se puede saber ¿ cual será nuestro final?, salvo el caso de aquel desesperado que se suicida, pero eso es un caso en un millón. Mientras uno esta vivo debe tener esperanzas que mañana será mejor y que lograra sus anhelos, porque no se debe vivir con miedo, pues la vida tiene sus riesgos, solo que debemos prepararnos para sortearlos.