Donna Haraway: Cuando las especies se encuentran. Especies de compañía y teoría feminista.
Replantear la teoría de la evolución antropocéntrica narrando una co-
evolución de las
especies, para Haraway significa revelar la
colonización de los cuerpos y diferentes formas de dominación en muchos otros ámbitos. No solamente la biología y la teoría de la evolución (que para Haraway son discursos ideológicos) necesariamente tienen que reformularse; la metodología tiene que establecer una serie de cruces entre los discursos filosóficos, históricos, estudios culturales y feministas, la antropología, etc.
Partiendo del concepto “especies en
compañía“, y remitiéndose al término latino
cum panis (con pan: los que comen juntos y comparten el pan) del cual se deriva la palabra “compañía”, Haraway establece una serie de relaciones entre la historia de domesticación (del perro por el hombre, por ejemplo) y la política, biopoder,
tecnología. No se trata de ver al
animal de compañía tan solo como una mascota; se pretende una nueva comprensión de lo
humano como la especie que se ha construido en compañía de muchas otras. La
biología es un discurso (no el mundo viviente en sí) y los
organismos se construyen discursivamente. Las fronteras entre los cuerpos se hacen patentes en la interacción social de lo humano con lo no humano (orgánico y tecnológico). La figura de
cyborg (anteriormente desarrollada por Haraway) es otro elemento importante en la cadena de las especies en compañía.
Con este planteamiento se diluyen las polaridades cultura-
naturaleza,
hombre-animal u hombre-
máquina (y los temores que los acompañan: el hombre que se siente amenazado tanto por la naturaleza animal, como por la máquina), y sobre todo, las delimitaciones rígidas entre las disciplinas científicas y sociales. La articulación, no solamente de coherencias, sino de contradicciones, implica asumir la “naturaleza” híbrida, conjugación de la realidad social y el organismo, y abandonar los purismos y dualismos (material-
espiritual, natural-
artificial, etc.).
Hablar de acompañamiento de otras especies en la evolución del hombre no tiene nada de nostalgia: no es un retorno a la naturaleza, al paraíso perdido; se trata de “ir a otra parte”. El cuerpo es una construcción histórica colectiva que se compone de actores humanos y no humanos orgánicos y tecnológicos que hacen cosas o producen efectos. Algunos actores -los humanos- a veces intentan reducir a los demás a meros recursos; otros actores normalmente se resisten a tal reduccionismo. Este tipo de dinámica genera las estructuras de
dominación y las luchas por el poder. En este sentido, sugiere Haraway, no hay que partir de los polos, sino de las ambigüedades, de lo ordinario, generando ligas, uniones, sugerencias y visiones quiméricas. Supongo que esto implica dejar a un lado el discurso feminista esquemático: en vez de hablar en términos de
género, hay que re-direccionar el discurso hacia las especies que se construyen mútuamente.