La relación entre el hombre y el perro data de muchos siglos atrás. Lo que al comienzo fue, podríamos decir, una unión
de mutua conveniencia, se llegó a transformar en una historia de amor. Hoy el perro vive en el seno de la
familia como un integrante más. El primer encuentro fue entre hombre y lobo. Este último merodeaba por los campamentos, en dónde los hombres vivían, en busca de sobras de comida. Luego fueron a cazar juntos. Compartían el producto de la caza. En ese tiempo cada uno tenía su propia morada, pero seres sociales los dos, disfrutaban de trabajar juntos. Con el correr del tiempo se fueron entendiendo más y más... Por fin algunos lobos, ya amansados, se quedaron a vivir en el campamento. Los cachorros que nacían allí fueron adoptados por las mujeres y compartían juegos con los niños. Con el paso del tiempo, y a fuerza de amor y convivencia comenzó a surgir una especie de lobo domesticado, el cuál ya compartía otras tareas con el hombre, como la vigilancia del hogar o el pastoreo. Se cree, que la
palabra perro surgió cuando los pastores llamaban a los cánidos que cuidaban las ovejas con el sonido prrr, y de allí quedó perro. Hombre y perro formaban un equipo perfecto. Y lo que comenzó como una conexión de conveniencia mutua se transformó en una interrelación de amor y solidaridad. Con el transcurso de los tiempos fueron apareciendo nuevos códigos entre ambos. Y hoy, en un alto porcentaje de hogares conviven, con los humanos, uno o más integrantes caninos; y en la coexistencia van surgiendo nuevas formas de comprensión mutua. Lo importante, en nuestra relación con los perros, es que podamos llegar a percibirlos y a amarlos por lo que ellos son: de la especie canis familiaris, diferentes a nosotros, homo sapiens. El amor es más amor cuando comprende y acepta las diferencias. Amémoslos teniendo conciencia de que ellos son más débiles y que dependen totalmente de nosotros. Ejerzamos el liderazgo verdadero, el que Dios delegó al ser humano, el cuál se sustenta en el amor. Cuando el hombre (o la mujer) logra llegar a un crecimiento personal en el cuál puede discernir y contener a los que están más abajo, como el caso de los animales, es cuando realmente se dignifica su condición humana. Usemos el don divino de liderar... y recordemos que nosotros tenemos muchos aspectos diferentes que colman nuestra vida: trabajo, amistades, proyectos... Pero ellos solamente nos tienen a nosotros.