¿No os ocurre a veces que las expectativas ante una película superan al resultado final, una vez vista?. ¿No
os ocurre, sobre todo a los que ya teneis callos en las meninges, causados por la visión convulsiva de películas, que imaginais escenas, diálogos, desenlaces, sentimientos, etc, que podrían ocurrir en la película que estais viendo, y que nunca ocurren?. Esta es la sensación que tuve ayer después de ver "Mr Magorium y su
tienda mágica".
Escribo esta crítica empujado por el comentario que escuché de una señora a la salida de la sala en la que se proyectaba. "Es muy parecida a Charlie y la fábrica de chocolate". Por favor... Nada más lejos de la realidad. Charlie procede de la imaginación de un monumental escritor, y Mr Magorium parece proceder del departamento de marketing de la cadena de tiendas de juguetes "Imaginarium". Ni siquiera le llega a la suela de los zapatos a la primera versión de "Charlie", "Un mundo de fantasía", protagonizada por Gene Wilder y que, a pesar de no desplegar ningún tipo de efectos especiales, desprendía una gran carga sentimental. Cualquier parecido de las mencionadas con la de Mr Magorium es imposible de encontrar. De no ser por la presencia de Dustin Hofman, la película se hundiría en las profundidades de la mediocridad.
Los personajes parecen tener dificultades para expresarse, para mostrar sus sentimientos. Desde Natalie Portman hasta el contable, Jason Bateman, pasando por el hipotético niño prodigio, Zach Mills, que tampoco consigue despertar la admiración. Incluso el mismísimo Dustin Hoffman podría haber dado mucho más de si. En ocasiones resulta ligeramente patético, como en la
escena en la que baila sobre un plástico lleno de bolitas de aire, de esos que se utilizan para envolver. Una escena innecesariamente alargada, y que podría haber dado lugar a situaciones mucho más jugosas en caso de haber procedido de la imaginación de un buen guionista. Tal vez sea ese precisamente el problema de "Mr Magorium". No sé si la producción del guión coincide con la huelga de guionistas, pero eso explicaría muchas de las lagunas que se producen.
Como principales puntos negros, que se quedan incomprensiblemente en el aire, podría citar la justificación, o el simple hecho de contar al menos la historia del enigmático individuo que vive en el sótano, cuya imagen abre la película en un alarde, a mi juicio, de potenciales y futuras sorpresas de la imaginación. Ahí se queda todo, cuando comprobamos que el individuo en cuestión aparece solamente un par de veces para subir jueguetes o libros desde el sótano hasta la zona de ventas. Otro punto negro es el eclipse de la carrera pianística de Natalie Portman. A lo largo de toda la película está componiendo una especie de sinfonía, que promete mucho pero que jamás verá la luz, debido al descuido imperdonable de algún guionista, experto en marketing o productor que decidió olvidar esa otra vertiente de la historia. Otro punto podría ser la falta de amigos del niño, que al final sigue igual, la inexistente conexión entre Natalie y el contable, que al final se queda igual... Y podríamos seguir hasta el infinito, planteando posibilidades que podrían haberse producido, pero que se han ahogado ante la absurda necesidad de plagar la película de unos efectos especiales más o menos espectaculares y con el tufillo, muchos de ellos, de empujar a los niños a arrastrar a sus padres a la tienda de juguetes más cercana a comprar todos los gadgets posibles, y a esperar al consiguiente videojuego.
La música es muy buena, tengo que reconocerlo, y la película se puede ver si lo que se pretende es pasar un rato entretenido con la familia, pero no muestra, ni de lejos, los valores que se mostraban, con toda la ironía que se quiera, y con mucha más inteligencia, en la mencionada saga de Charlie. Parece abocada más bien a convertir a los niños en pequeños consumistas de sueños.