Zubizarreta G., Armando,
La aventura del trabajo intelectual (cómo estudiar y cómo investigar), Panamá, Fondo Educativo
Interamericano, 1969, 184 p. Se olvida demasiado que la vida intelectual tiene su raíz, su origen y su justificación en la vida humana con sus atributos básicos, únicos que permiten su intelección. Es normal que se planteen los problemas que suscita como si fuesen comprensibles en sí mismos, es decir, de manera abstracta, sin intentar entender sus raíces vitales, concretas, mucho más complicadas y que reclaman un planteamiento diferente. Zubizarreta plantea y describe la vida intelectual en 4 tópicos: el oficio de pensar, los pasos de la vocación intelectual, la escuela y el discípulo y pedagogía y técnica, para posteriormente definir el proceso de
aprendizaje y explicar por último las problemáticas o dificultades inherentes en este proceso ya que las trayectorias intelectuales por sí solas son insuficientes; consisten en problematicidad, que remite a un fondo más complejo, menos transparente, que reclama un esclarecimiento no siempre posible. Junto a lo que se sabe hay que poner lo que se ignora, y que suele ser la clave de esa zona relativamente secundaria de la realidad que es el engranaje de las ideas, cuya justificación está más allá de ellas, en la vida misma. Durante mucho tiempo se consideró que el aprendizaje era sinónimo de cambio de conducta, esto, porque dominó una perspectiva conductista y dogmática de la labor educativa; sin embargo, se puede afirmar con certeza que el aprendizaje humano va más allá de un simple cambio de conducta, conduce a un cambio en el significado de la experiencia. La experiencia humana no solo implica
pensamiento, sino también afectividad y únicamente cuando se consideran en conjunto se capacita al individuo para enriquecer el significado de su experiencia. A esto último es a lo que Enrique Urzaiz llama el
desaprendizaje. Para conseguir este famoso desaprendizaje entran en juego muchos factores externos que dificultan o entorpecen el proceso y que están íntimamente ligados al comportamiento humano y por ende a las capacidades o limitaciones que este pueda tener: tiempo, cansancio, enfermedades, disposición, medios, etc., son algunos de estos factores que a la larga son considerados como obstáculos para la adquisición de nuevos conocimientos. Un punto que considero medular en el texto es la relación o la importancia que existe entre la relación alumno-maestro ya que la actuación del profesorado no puede ni debe pensarse hoy día sólo en un aula situada en un espacio físico, entre los muros del aula. Por ello, el rol del profesorado debe ir cambiando notablemente, lo que supone y nos dirige hacía una formación mucho más centrada en el diseño de las situaciones y contextos actuales de aprendizaje. Todo esto dentro del marco y la voluntad del estudiantado de llegar con nuevas perspectivas y estar receptivos a estas “nuevas” condiciones del aprendizaje. Conclusión Para comprender la dimensión del Trabajo Intelectual debemos partir de una visión integradora de los diversos instrumentos que se refieren al tema y de la propia visión. El estudio es una actividad muy personal y por tanto cada uno ha de utilizar su propia técnica ajustada a su propia personalidad. El estudio como actividad intelectual presupone un grado de inteligencia. Hay una serie de factores ambientales que pueden influir negativamente en el trabajo intelectual: problemas familiares graves, crisis, escasez de tiempo para estudiar por razones económicas, etc., pero todo esto sustituible, con la VOLUNTAD de querer hacer las cosas por parte del estudiante.