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Síntesis y críticas breves

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El precio del alma

por : Caminantesinhuellas    

Autor : Ollman Santiago Monge
Que cansancio! - pensaba el hombre, al doblar otra vez su espalda sobre la dura tierra.
-Tan solo es la hora segunda
y este sol de la mañana me está matando - se dceia a si mismo en voz alta al doblarse de nuevo.
Si, habiase levantado muy temprano, cuando aun las estrellas no terminaban  de esconderse.
A la luz de la aurora tomó un desayuno muy ligero: un cuenco de leche y un pedazo duro de pan, solo y en silencio.
Salio de su casa y trancó la puerta con una piedra para que no se metieran los animales.
La noche habaia llenado todo de una lluvia de finos cristales que desaparecerian en cuanto el sol saliera.
Otro dia de trabajo. . .
Caminó hasta la parte trasera de la casa, recogio las herramientas, un recipiente con agua y la bolsa con las semillas.
Cierto, no lo habiamos dicho; este hombre, como tantos otros de los habitantes de esta zona era un campesino.
Amaba la tierra, soñaba con ella, la distrutaba. Para el era un regalo del cielo.
Llegó al pequeño cercado que protegia sus cultivos de la destruccion del ganado.
Hacia ya algunos meses que habia sembrado una gran cantidad de maiz y parecia que la cosecha seria buena, muy buena.
- Será una cosecha increiblemente buena - volvio a decir el hombre.
Efectivamente, semnas despues, cuando pasó por los sembradios recogiendo el esfuerzo de su trabajo, no le alcanzaron los sacos ni la carreta para meter su cosecha.
Cargó y descargó en varias ocasiones, durante todo el dia, a pleno sol; sin almuerzo, sin descanso, pero estaba feliz.
- Tendre que agrandar el granero - se dijo una noche al acostarse.
Dios dias despues, llegaron varios carpinteros con sus reglas, maratillos, serruchos y montones de clavos, a trabajar presurosos con la orden de agrandar, ensanchar, edificar.
! Esplendido, recien pintado y atiborado de mazorcas!
Y de nuevo al zurco, a la tierra, al sudor, al dolor de espalda, a las manos agrietadas, a los pies llenos de polvo. . . a su mundo, a su dicha.
Sembró una cantidad más grande de maiz. Se estaba produciendo muy bien y pagando aun mejor.
Tambien sembró uan cantida enorme de zanahorias.
y la batalla comenó contra los roedores que querian entrar en sus sembradios.
Algunas miradas al cielo de tanto en tanto, pidiendo en silencio agua para las plantas. . .
Se acostaba por las noches cansado y en cuanto se dormia, una sonrisa se dibujaba en su rostro pues aparecian en sus sueños, cientos de mazorcas y muchas más zanahorias cosechadas.
No alcanzó el espacio de nuevo.
Rechinaba la madera al meter un saco más. . . parecia que su granero iba a explotar si metia una zanahoria más o un grano más de maiz.
otro ejercito de carpinteros: martillazos, serrucho y medidas: más ancho, más largo, más, alto. . .más. . . más. . .
Ero su orgullo  contemplar el edificio, pero dentro de el, en su corazon una cosquillita le decia que no estaba satisfecho.
Podia detenerse?
Podia descansar?
Podia sembrar en lo eterno?
Podia. . . podia?
La otra mañana lo encontró doblado sobre la tierra, habia botado las cercas y llevaba dos carretas llenas de semilla para sembrar.
no habia lugar ni para el agua, para el almuerzo, ni para el descanso, ni para levantar los ojos al cielo. . .
Una cosecha que causó asombro entre sus vecinos, y levantó comentarios de su progreso, levantó en su boca sonrisas nuevas.
Ahora era alguien, ahora habia ganado mucho dinero, ahora su nombre se mencionaba con respeto entre los vecinos y con envidia entre otros.
Un granero más grande. . . uno que llegara hasta el cielo, contemplaban sus ojos a traves de la ventana de su casa, mientras recostado en un silla de madera, tomaba y jarro de cafe y una tortilla.
Tenia grandes sueños.
Pensaba en inmensas siembras.
queria acumular dinero tanto como granos de maiz tenia su granero.
Agrandar la casa.
Trabajo y más trabajo, para caer rendido en la noche a soñar con su tierra.
como hacia dos dias que no salia de su casa a trabajar en el campo, unos vecinos botaron la endeble puerta  y lo encontraron doblado sobre la silla y sus brazos y cabeza descansando sobre una mesa.
No le latia el corazon.
Entre sus manos, un dibujo garabateado: habia dibujado un mundo y lo habia  llenado de surcos, de mazorcas y de zanahorias y un granero inmenso que llegaba al cielo. . .
!Que tonto!  . . pensaria Jesucristo: -nunca invirtio tiempo ni trabajo en la vida eterna.
Publicado el: diciembre 19, 2007
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