“La ambición es la madre de la pobreza” y ese refrán no es nuevo, se ha comprobado que es así. Hay seres humanos que todo
lo pretenden a lo grande, porque tratan de demostrar que son superiores a los demas y usan cualquier herramienta posible para llegar a la cima, y muchas veces lo “hacen escalando sobre ajeno”: Creo que el punto de equilibrio en la vida no es la ambición; si no la aspiración, que es la forma moderada de acceder a la meta sin tropiezos y sin dejar heridos y maltrechos por el camino. Hay que vivir y dejar vivir, no todo lo creado es para uno, hay otros seres humanos que también deben disponer de su espacio y desarrollarse, por ello cuando uno avanza debe hacerlo con la armonía que da la aspiración de lograr tal o cual
objetivo. Conocí un empresario que comenzó a crecer desmesuradamente, aun superando sus propias estructuras, que se tornaron débiles para aguantar el desarrollo de la misma y termino quebrado, porque no pudo dominar la situación y eso solo fue obra de su ambición; cuando se dio cuenta ya estaba en la calle y atormentado por deudas de sus acreedores termino con una depresión extrema, a tal punto, que aun no se recupera; hoy no sirve ni para tener aspiraciones, porque ha perdido la fe en el mismo. Esta bien querer ser el primero, a todos nos gusta, pero cuando nos enceguece el objetivo, se transforma en ambición y es eso lo que debemos evitar. Nuestro transito por la vida terrenal, deber ser lo mas ordenado posible, para evitar contratiempos, que luego se tornan difíciles de controlar y nos crean trastornos que nos dejan mal parados. Un ser humano debe ser un luchador, porque la vida es lucha, pero como decían , los antiguos filosofos griegos todo llegara, pero: “a su medida y armoniosamente”.