Los
animales en general, y hablando en particular de
perros y gatos, se ven muy
afectados emocionalmente por circunstancias que pueden ocurrirles. Ellos sufren y se estresan cuando, por ejemplo, muere su amo, siendo éste una de los sucesos más terribles para su frágil sensibilidad. Hay otras situaciones que también
los afligen notoriamente, como ser cuando se mudan de casa. En el caso del gato, esto es peor porque ellos se aquerencian mucho con los espacios. Otro motivo de gran conflicto, más aún para el perro, es cuando lo regalan a otra persona. Recordemos que los perros, como descendientes del lobo que son, viven en manadas, y
nosotros somos “su manada”; nada más terrible como ser excluidos de la misma e insertados en otra extraña. Todo lo descripto los enferma, dado que ellos
no pueden expresar sus emociones como los humanos. Por otro lado, al ser un integrante más del núcleo familiar, el animal absorbe todos los problemas o conductas que se viven cotidianamente. Como ellos no pueden procesar ni comprender lo que sucede alrededor,
expresan su sufrimiento a través de síntomas. Esos síntomas van desde alteraciones en la conducta hasta enfermedades graves que pueden llavarlos a la muerte. Por lo general, muchas familias con un perro con problemas de conducta, lo primero que piensan es en ”ubicarlo”. Yo me pregunto...
¿a quién hay que “ubicar”? El más inocente de todos ahí es el perro. Menos mal que existe la homeopatía, ciencia y arte de curar y restablecer la salud en forma holística, tanto para
animales como para humanos. A los consultorios de médicos veterinarios especializados en homeopatía unicista, llegan muchos
animales con diversas patologías, como producto de hechos conflictivos como los ya descriptos. Casi siempre se puede encontrar la raíz del problema y llegar a la curación real y duradera. Para los humanos también existen excelentes médicos homeópatas unicistas y también podemos echar mano de la psicología... Pero
no descarguemos en nuestros animales las enfermedades nuestras. Finalmente, otro hecho que los afecta tremendamente, lamentablemente muy visto y sobre el cuál quiero hacer énfasis, es
cuando se ven desplazados por la llegada de otro animal a casa. Hay familias que acostumbran, cuando el perro se puso viejo, y previendo su desenlace, traer un cachorro a casa. No hay situación más
injusta y odiosa que ésa. ¿Nos gustaría a nosotros, en nuestra vejez, vernos aislados en un rincón de la casa como una carga que “hay que soportar” hasta que se muera? ¿No merece ese ser incomparable, que ha sido tan compañero nuestro durante toda su vida y que no ha hecho más que
prodigarnos su “perruno amor” la mejor y más cariñosa de las despedidas? Después de todo, si nosotros lo hemos merecido,
tendremos derecho a reunirnos con ellos en la eternidad. Parafraseando la Biblia, quiero añadir : “La naturaleza, y como parte de ella los animales, gime, implora, solloza, se lamenta a una voz, esperando la manifestación de los que aman a Dios” Y por último... “toda toma de conciencia
implica una acción” (Bertold Brecht).