Un dicho añejo ya, sostiene que “el pez por la boca muere”, y es real si tomamos esta metáfora del pez en comparación con
el ser humano que habla por demás. Se sabe que el pez, es atraído por una carnada que va adherida al
anzuelo y entonces cuando va a comer, obviamente abre la boca y el sistema del anzuelo es perfecto para atraparlo. Los seres humanos que muchas veces prometemos cosas y luego no podemos cumplirla, quedamos atrapados, ya no por el anzuelo, sino por nuestra propia verborragia; hay algunos que lo hacen por son verdaderamente “charlatanes”, pero a ese tipo de gente poco y nada le importa no cumplir con la palabra
empeñada, sin embargo, las personas de bien si proponen algo, a quien sea si hace un trato de palabra, debe cumplirla sin mas, porque no se puede jugar con las expectativas creadas por la palabra empeñada, y fundamentalmente no se le debe fallar a los niños, porque ellos sufren mucho si les promete algo y no se cumple. El pez por la boca muere, porque no tiene alternativa, no razona e ingenuamente va camino a la muerte, pero los seres humanos, razonamos y cuando se abra la boca para decir algo, debe ser con toda seriedad, porque las promesas incumplidas, hacen perder credibilidad. Con esto no quiero decir siempre debemos hablar con seriedad, aun a veces jocosamente, se debe cumplir con lo expuesto. En la historia de la literatura, nos encontraremos con infinidad de cuentos que enseñan que la palabra se debe cumplir, que las promesas se debe llevar a cabo, porque ese es el verdadero camino para conducirse; en contrapartida, si no se puede cumplir o se tiene alguna duda, podemos decir talvez, o vamos a ver mas adelante, es mejor que prometer en vano, porque eso es una mentira lisa y llana.