Una mujer renuncia a su propia vida, a su familia, con una firme determinación: seguir al lado de su anciana suegra, otra mujer marcada por el dolor de la pérdida de sus seres queridos. Dos viudas,
emociones compartidas y un camino incierto para recorrer,
unidas por un amor fuera de lo común. Esto ocurrió en los tiempos bíblicos, miles de
años antes de Cristo. Y no es una historieta, sino una realidad.
¿Cuántas suegras y nueras hoy se aman con
amor tan genuino, sin egoísmos ni recriminaciones? No es frecuente encontrar un binomio como Rut y Noemí. ¿El dolor las unió?, ¿el temor a la soledad? Creo que hay algo más...
algo muy fuerte impulsó a Rut a seguir con Noemí.
Se necesita mucha valentía para dar un paso así. Su suegra sólo podía brindarle un corazón triste. ¿Qué atractivo puede tener ésto para una joven viuda? Pero tomar ciertas decisiones puede llevarnos a vivencias insospechadas. Rut no sabía que “jugarse” por Noemí la conduciría a encontrar
la felicidad. Y así es como ella conoce al
amor de su vida. Y aunque al principio surge un conflicto, logra casarse con él. Y también cambia su situación económica. Ella era pobre pero su marido era muy adinerado. De la noche a la mañana
Rut se convierte en una mujer rica. Y algo que Rut no había imaginado, es que
de su descendencia vendría el Mesías que salvaría al mundo... Su ejemplo nos sirve para
reflexionar : Una
buena determinación desemboca en algo favorable. Si Rut se hubiera quedado en el paganismo de su pueblo ¿qué destino habría tenido? La pobreza... la riqueza... De lo que estoy segura es que no hubiera conocido a su amor ni hubiera formado parte de la genealogía del Mesías. Destinos totalmente diferentes uno de otro.
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