El hombre es el único ser privilegiado en la naturaleza, que puede variar o modificar los sucesos de su vida, su devenir
o sus acontecimientos, a partir de contraponer estructuras de pensamiento cabales, sensatas y lógicas. Lo fundamental es que se trace objetivos viables y concretos y que, a su vez, manifieste un férreo tesón y propósitos, para realizarlos. La decisión de enrumbar por el camino de una vida exitosa, pasa por entender la necesidad de realizar sacrificios y persistir en la tarea. Conseguir un logro en la vida, a partir de lo que nos hemos planteado, es meritorio y gratificante, sin embargo, es esencial que nuestras estrategias para su realización se cimienten en el respeto a los demás y el cumplimiento estricto de los cultivados valores. La generosidad es el servicio que ofrecemos a los demás sin esperar nada a cambio. Es un dar desinteresado buscando el bien de los demás. Es compartir lo que uno tiene con el prójimo sin esperar nada de él. Esta actitud es la más humana que existe, por que, al margen de diferenciarnos de los animales, nos engrandece y genera la misericordia que es la actitud bondadosa, de compasión hacia otra persona y que, a decir de muchos filósofos, genera la felicidad, por que contrariamente, sustentan estos mismos, el egoísmo, nos lleva hacia la infelicidad. La conducta egoísta tiende a poner de manera habitual, los intereses individuales y propios en primer lugar. Es una pasión desenfrenada de individualismo y falta de colaboración, que hace tender desmedidamente, por el interés propio.. Es lo que decía el escritor Chamfort, el egoísta es la persona que te incendia tu casa para freír un huevo. Frase contraria a la dada en su discurso inaugural como presidente por John F. Kennedy quien dijo Nunca preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tu, por tu país. Se atribuye que el egoísmo es el enemigo número uno de la felicidad, la libertad y la realización personal, por que impide la integración grupal, nos hace infelices y genera la mayor cantidad de los conflictos que nos encadenan. Este comportamiento, a partir de su individualidad, se generaliza y, muchas veces, se enquista en los grupos y organizaciones, generando una postura contraria a la armonía laboral. Lo peor de todo es que, las personas, en su afán de justificación de sus comportamientos, se niegan a admitir sus egoísmos, pasando a generarse comportamientos que caen en la necesidad de ser abordados desde perspectivas psicológicas. Los individualismos en el trabajo, el culto al ego, los chismes, los rumores, el egoísmo en la enseñanza o el desviar una información correcta, conforman las conductas mas arraigadas del egoísmo en la empresa. El egoísmo, no solo es contrario con la empatía sino que se contrapone a la necesaria solidaridad o el trabajo en grupo, para el logro de los objetivos de las empresas. Cuenta una antigua leyenda china que un discípulo interrogó a su
maestro, acerca de la diferencia entre el cielo y el infierno. El maestro le respondió que era muy pequeña, pero que para ejemplificarla le mostraría una imagen de como era el infierno. Dicho esto, lo llevó a una habitación donde un grupo de personas se encontraba sentada alrededor de una gran olla de arroz. A pesar que todos ellos, cargaban un hambre que les condolía, no podían alimentarse, debido a que la
cuchara con la que se obligaban a llevarse el arroz a la boca, tenía un mango tan grande que llegaba a la olla, pero no a la boca de las hambrientas y desesperadas personas. Padecen tanto dijo el mentor, que a pesar de tener alimento son incapaces de comer, esto engrandece su martirio y los colma de pesadumbres y desesperación. Vista esta imagen, el maestro llevó al discípulo a otra habitación, la del cielo. Era similar que la anterior, una olla de arroz, otro grupo de gente con las cucharas largas, exactamente y del mismo tamaño que las vistas en la habitación anterior, pero con una actitud distinta. El discípulo vio como, ante la imposibilidad dellevarse la cuchara a la boca, por el largo mango que contenía, cada una de las personas alimentaba a la que se encontraba frente a ella, extendiéndole la cuchara, haciendo la otra exactamente los mismo, de manera que todas comían extasiadas y gozosas. Pequeña pero gran diferencia, dijo el maestro. La generosidad frente al egoísmo. El individualismo, propio de seres que se niegan a congraciarse con los demás y el ánimo colaborador, fraternal, solidario y de ayuda. La propia vida contiene esas diferencias.