Se ha callado el
idioma que aprendió mi corazón
Un lenguaje sencillo y preciso que se le ha combatido.
Según tenía entendido las costumbres políticas de este lugar, dejan profesar y
seguir cualquier religión, y por lo que veo y siento
Ahora solo se le
permite extrañar aquel amor que tanto tiempo adoró y dejarlo a merced de fanáticos desilusionados.
Se le ha envuelto entre sábanas sucias de recuerdos y ha sido arrojado
Entre fantasmas que callan su propio silencio en alaridos vergonzosos.
Los habitantes de esta nueva ciudad
Son fanáticos melancólicos y payasos malditos con trajes extraños,
Que poco o nada entienden de felicidad.
Sus nuevos vecinos desmiembran sus sueños y le arrancan cada letra encantada por la pasión, para experimentar aquello que nunca podrían saborear por sus propios medios. Dejan solo la sangre que le permite seguir viviendo, perdón, sufriendo.
Cada pensamiento juzgado por este mundo es una espina que lo hiere perpetuamente
y lo obliga a caminar sin receso por lumbrales protervos,
En su caminata es acompañado por sus pesadillas
Ellas cuidan con cauteloso sigilo lo único que las deja existir
Un profundo e inconciente odio a lo efímero.
Talvez pasado el tiempo, sus acompañantes consigan nuevas frazadas
Que guarden, para después explotar, todo el calor de una ira acumulada.