El
nacimiento del turismo data de la
segunda mitad del siglo XIX. Fue entonces cuando
se extendió a todas las clases sociales. Antes solamente la clase adinerada, por lo general la aristocracia inglesa, gozaba de ese privilegio.
En 1818, Roma llegó al récord para ese entonces,de
2.000 turistas. Era mucho esfuerzo traspasar los límites del propio pueblo. Hoy hablamos de avión, modernas rutas, horas y minutos. Entonces hablaban de barcos, carruajes y meses. Sólo viajaban los que disponían de
mucho dinero y tiempo libre. Aguerridos pioneros crearon las
rutas turísticas. Más allá de las visicitudes que debían pasar, iniciaron con mucho esfuerzo lo que
luego sería una gran industria y que dejaría muchos millones de ganancia. En la
segunda mitad del siglo XVIII entre las
familias británicas de la
alta sociedad, era común
enviar a los jóvenes a viajar por Europa como complemento educativo. Tal vez ése haya sido el origen de los actuales
viajes de egresados de los colegios secundarios. Hoy los jóvenes
van en
viaje de egresados con
buenas comodidades. Los padres contratan una agencia que les brinda todo el servicio desde la salida hasta la vuelta con estadía y excursiones. El viaje en sí no es precisamente un sacrificio. El sacrificio es más bien para los bolsillos de los padres. En los
tiempos que mencionábamos anteriormente, recorrer Europa era una
ardua tarea. Recordemos que se trasladaban en carruajes que andaban por
incomodísimas carreteras. Además, en cada país al que llegaban, debían hacer una serie de
trámites burocráticos, a veces imprevisibles, dada la confusa situación política que reinaba en todo el continente. El Mercado Común Europeo no existía ni en sueños. No obstante, miles de ingleses visitaban importantes ciudades de Italia, Francia, Holanda y Alemania.
Se publicaron también
libros que
eran de ayuda para aquellos que practicaban el turismo. Contenían descripciones, hablaban de las costumbres de los distintos países y
agregaban consejos para los jóvenes acerca de moralidad, para advertirles sobre ciertos peligros que podían distraerlos de las razones culturales del viaje.
A comienzos del siglo XIX el
turismo sufrió un incremento debido a la
construcción de carreteras, por Napoleón, para el transporte de tropas. Fue cuando aumentó la cantidad de mujeres turistas y se hizo común la imagen de familias enteras viajando. También comenzaron a editarse las
primeras guías de viaje modernas con las indicaciones necesarias y consejos útiles para el viajero. Para aquellos turistas,
salir del propio país significaba un
fuerte choque cultural. Lo que para los franceses era normal, como cenar en público, para la clase alta inglesa era una aberración. Los franceses practicaban la actividad social en domingo, y los estadounidenses se horrorizaban ya que para ellos era el día santo. Y así se sucedían las diferencias entre unos y otros. Si miramos
a través de la lente de la actual globalización y en tiempos donde internet obviamente se ha impuesto entre nosotros, nos parecen poco menos que absurdos los procederes antes mencionados, pero así es la evolución social. Hoy nos comunicamos en segundos, sin fronteras, por internet y
la diferencia de culturas es algo
que se toma con naturalidad. En aquel tiempo, el
gran cambio lo ocasionó la
aparición del ferrocarril. Mayor velocidad significó conflictos horarios. Hasta entonces, por la lentitud del transporte, nadie percibía la diferencia de minutos entre distintos lugares. Fue en 1884, en una conferenciainternacional, cuando
se estableció el meridiano de Greenwich como punto cero desde donde se medirían el resto de las zonas horarias. Pero, a causa del ferrocarril, hubo
otro cambio: llegaron
turistas de otras clases sociales. Quien generó esto, aunque sin saberlo entonces, fue
Thomas Cook, un predicador del evangelio, que quiso beneficiar a más personas para que asistieran a eventos religiosos. Firmó un acuerdo con la compañía ferroviaria donde se
abarataban los pasajes a cambio de la garantía de cierto número de viajeros.
La victoria que significó esta experiencia impulsó a Cook a continuar la idea fuera del ámbito de la Iglesia, aunque muchas veces, al comienzo, perdió dinero. De esta forma
surgieron los primeros viajes grupales. Gracias
a su iniciativa el turismo accesible a todos se desarrolló con increíble rapidez. En los últimos años del siglo XIX,
la compañía Cook and Son, que así se llamaba para esa época, organizaba viajes no sólo a Italia, Suiza o Alemania, sino también a España, Australia, India, Nueva Zelanda y Estados Unidos.
Este visionario no sólo mantuvo su
negocio rentable, sino que también
mantuvo accesible el turismo para todas las clases sociales.
La clase alta siguió con la costumbre de concurrir a
sitios privilegiados para no mezclarse con el resto. Asistían a lugares como Saint Moritz, la Riviera francesa o Mónaco, en lujosos hoteles. Esto separó a los turistas en
dos grandes grupos :
los aristócratas y los grupos de Cook y de otros imitadores de él que surgieron por entonces. Aunque algunos criticaron la nueva forma de viajar por resultar agotadora, dado que se recorría mucho en poco tiempo, en 1900 la
Compañía Cook and Son, vendió 6 millones de pasajes. Y con el correr del tiempo, Cook logró demostrar que era realmente
visionario de un negocio que ofrecía
cada vez más beneficios, y lo que es más importante:
para ambas partes.
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