El día “D”, es el día decisivo, es cuando uno se juega a todo o nada. Cuando los ejércitos de los Estados
Unidos desembarcaron en Normandía en 1941, fue el día “D”, porque era el comienzo del fin de la segunda conflagración mundial. Así es como se avanza en la vida y es tomando
decisiones, hay veces que no son acertadas, pero después de los acontecimientos hasta el más necio es sabio; por lo tanto toda decisión necesita de coraje y convicción. La planificación es muy importante, pero aún dentro de las previsiones que se tomen, pueden surgir inconvenientes que ponen vallas insalvables, pero eso no debe significar un freno, sino que se debe buscar, en ese caso, caminos alternativos. Fidel Castro y El “Che” Guevara, tomaron la decisión de llegar al poder para implantar un revolución en Cuba y lo lograron, que haya sido para bien o para mal, es harina de otro costal. El General San Martín tomo la decisión en el siglo XIX, y cruzó con su ejército, la Cordillera de Los Andes y lo logró, fue el comienzo de la independencia de América del Sur. Así como esos ejemplos, nosotros estamos todo el tiempo decidiendo, para continuar y avanzar en la lucha cotidiana, los únicos que no toman decisiones son los incapacitados mentalmente o los que yacen en sus tumbas para siempre. El tomar decisiones es un buen ejercicio, para sentirnos vivos. Hay que hacerlo sin miedos, sin prejuicios, pero con profundas
convicciones; porque cuando uno está convencido se fortalece física y anímicamente
. Actuar en la vida sin convicciones nos hace cometer muchos errores, porque uno tira para adelante y las no-convicciones, tiran hacia atrás. Siempre se busca un quiebre de lo malo a lo bueno, de la espera a la acción, de la indecisión a la decisión, por eso todos los días tenemos “El día D”.