Mi nieta Camila es una niña de siete años. Ayer le observe la libreta de la escuela
y ante mi asombro en todas sus materias tenía clasificación 10, o sea promedio 10, consecuentemente sobresaliente. Su maestra consignó: “Es un orgullo tener a Camila en mi curso”. Práctica danzas y estudia ingles, y ya sabe contar hasta 10, de corrido. Juega a las cartas conmigo y siempre me gana y no porque me deje ganar, sino porque es mejor que yo; creo que es una niña
prodiga. Toda la familia se siente orgullosa de ella. Simpática y risueña, muy respetuosa y sumamente solidaria y sensible con el dolor de los demás. Es la tercera del matrimonio de Mike y Paola, mi hija, que también fue niña prodiga. Sus hermanos Luca (13) y Agustín (11), no le van a la zaga, pero Camila los supera, simplemente porque se concentra más en sus cosas y sus materias las estudia sola, con alguna ayuda de sus padres. Camila ya sabe nadar y le gusta cantar y cuando canta hace la coreografía del tema. Todo un futuro de bonanza le espera a Camila, quiera Dios, que así sea. Como todo niña es coqueta y curiosa y cuando le prometo algo hasta que no lo cumpla no me deja en paz, siempre que me ve me lo recuerda y esta bien, porque a los niños no se les debe prometer algo sino se puede cumplir; o sea no engañarlos. Inquieta está permanentemente en acción y en las noches cuando se retira a dormir, siempre se lleva algún cuento para que se lo lea su madre o ella misma.
En su casa hay una perra que se llama Luna, es de raza Boxer y Camila juega a menudo con ella. También maneja la PC, con gran naturalidad. Camila nació en el año 2000, o sea con el siglo XXI, es una niña de la época. Vive en el departamento de Godoy Cruz, Mendoza.