Las demandas al Ser Supremo, las hay todos los días, pero a modo de
ruego, de súplica, que es lo que nos corresponde a los seres humanos; pero algunos no lo comprende de esa manera y pretenden accionar otros resortes. Cosas insólitas hemos visto siempre y no se agota la capacidad de asombro de la raza humana; aunque esto puede ser considerado como herejía, cuanto menos, es una imaginación creativa. Ernie Chambers no es una pieza del teatro del absurdo; no es un grotesco. El senador de Nebraska Ernie Chambers presentó una
demanda judicial contra Dios, al que acusa de haber causado nefastas catástrofes en el mundo. Subleva adicionalmente al demandante que el demandado no muestre compasión ni remordimiento y que hasta esté dispuesto a reír cuando las calamidades ocurran. Chambers no es el único en haber imaginado esta acusación; los hay de otras latitudes: un preso rumano llevó hace un tiempo a juicio a Dios, acusándolo “de incumplimiento de contrato” celebrado en su bautismo y de “abuso de autoridad”. Pero uno de los antecedentes más notables, en esta línea, es el capítulo “El gran inquisidor”, de Dostoievski, en que Cristo se ve acusado de ofrecer el pan del cielo, en vez del de la tierra, a una raza incorregiblemente vil. No hay caso, si los
hombres fuimos creados a nuestro libre albedrío, cuando las cosas no salen bien en el mundo, siempre hay una excusa, para esconder nuestros gruesos errores.
En todo caso, Chambers ha puesto el dedo en la llaga: la justicia humana y la divina hablan lenguajes irreconciliables. Y tal vez sea por eso que ninguno ha contestado aún a la demanda del otro; perdón, en todo caso, los hombres no hemos seguido las indicaciones divinas, que es lo que se debería hacer.