Trivial, común, insustancial tratamiento de la sexualidad con agresivas políticas de “educación
sexual” y “salud reproductiva”, traducido en román paladino como “sexo sin compromiso”; campañas que degradan a la persona humana, desvaloran su dignidad, incrementan en
realidad el número de enfermedades de transmisión sexual, teniendo el SIDA como estandarte, facilitan el acceso a anticonceptivos, la mayoría abortivos, y encierran el holocausto del aborto, quirúrgico y químico. El maridaje de la iniciación sexual precoz y promiscua ( o sea no mantener una pareja estable) con la mentalidad anticonceptiva disfrazada de derecho humano embrutece a la sociedad reduciendo la vida sexual a un placer egoísta socialmente autodestructivo, e impidiendo a la persona crecer y madurar en el auténtico amor. Por la mentada ideología de género, el sexo desligado de su dimensión personal unitaria pasa a convertirse en un producto cultural siendo “una realidad biológica indiferente y género una construcción social” .Contribuye a la degradación de la
sexualidad la difusión de un modelo de vida muy individualista y pragmático en la que el amor prácticamente reducido a la genitalidad se concibe como un negocio comerciándose con los afectos, sin tener para nada en cuenta los verdaderos sentimientos Favorece potencialmente la reducción del sentido de la sexualidad la epidemia de erotismo inserta en la subcultura dominante que todo lo invade y difundida por doquier por los grandes conglomerados mediáticos, que hacen sus pingües negocios. La sexualidad debe integrarse en el cuerpo que tiene una forma natural, precisamente para ser dado, para vivir la vocación primordial de la persona al amor.
El debate está abierto, distintas organizaciones gubernamentales, sociales y religiosas organizan foros de discusión: pero lo buen sería que de tanto analizar el tema en cuestión, quede en claro que es lo mejor, sobre todo para nuestros jóvenes, que en muchos casos se dejan arrastrar por la corriente. Banalizar la sexualidad no es buena cosa.