Hay ciudadanos del mundo que creen que si el Vaticano vendiera todas sus riquezas, se podría paliar la gran
hambruna de África y algunas regiones del tercer mundo; pero ya se ha comprobado que solo se podría mitigar el hambre por tan solo 6 días, o sea que sería solo una acto de buena voluntad, porque después de esos días, esos millones de seres humanos volverían a tener hambre. Vez pasada asistí a un foro, donde se discutía ese tema y una propuesta era que se vendiera la riqueza del Vaticano, pero con el dinero adquirido se debían montar fábricas, es decir, industrializar, por eso de que no le des el pescado; enséñale a pescar, aunque parezca contradictorio con el pasaje bíblico donde Jesucristo de dos canastos de pescados los hace llegar a miles para saciar el hambre de los que asistían a esa reunión; pero eso, según la Biblia, fue un milagro, que hoy no volvería a ocurrir, por lo tanto, en ese tema puntual, es cuestión de fe, se cree o no se cree. Las asimetrías sociales que deben soportar algunas regiones empobrecidas, disparan ideas de todo tipo, que muchas veces suenan como alocadas. Intenciones buenas las hay, solo que pretender vender las
riquezas de un Estado como el Vaticano, es como invadir terrenos ajenos.
Hay muchos ricos len el mundo que luego de hacer su capital y multiplicarlo varias veces, se tornan generosos con los pobres y ayudan con donaciones y crean Fundaciones a los efectos; esos filántropos, nunca se desprenderían de su capital, pero comparten sus utilidades. Eso ya es un buen comienzo, teniendo en cuenta que vivimos en un mundo materialista.