Con el corazón roto, compungido en un dolor sin igual, ayer, recibí la trágica noticia que mi gran
amiga, mi amiga del alma, Mary Serfaty de Encaua, nos había dejado. Cómo se puede en letras, en un papel sin sentimientos, sin gestos, sin sílabas ni sonidos poder transmitir lo que ella significaba y por siempre significará para mí, para los Akinín, para mi mamá quien solía jugar con ella, quien como persona, amiga y compañera siempre veía bien en ella a una noble dama. Con quien hacía darle color a sus días, tras una conversación. Ellas eran amigas y confidentes, ambas se cuidaban, protegían con sus bendiciones a sus hijos y entrelazaban ese tejido que tan sólo se puede producir entre familia y, no podía ser de otro modo, pues aunque nos separaban unos años entre su edad y la mía y ahora hablo de mí, ella me trataba como si fuésemos amigos desde la infancia, amigos de otras vidas, amigos del sitio donde provienen las almas y en algún momento deben reencontrarse. Mi
amor por la Sra, Mary, mi amiga Mary y que me perdonen sus hijos por tutearla, no es un amor sencillo de explicar, no es algo que se pueda entender, es algo que sobrepasa la lógica, pero que se entiende cuando se analizan las sangres, ambos éramos consanguíneos, ambos sufríamos y amábamos lo mismo, ambos queríamos una comunidad mejor y, lo mejor para los nuestros. De ella podría hablar sin cansarme por horas, por días, por siempre, ella era un amor, que no sé cómo podré reemplazar, no sé cómo podré sustituir, no sé ni cómo… pues con ella he perdido ya a mis tres mejores amigos, a mis hermanos de sentimientos, primero me ocurrió con mi inolvidable Alberto Serfaty, quien fue el tutor de mis andanzas comunitarias, el hombre que me enseñó a amar a Mary, más tarde a mi jovial, controversial, simpático, eterno hombre juvenil, a mi otro hermano del alma Jaime Serfaty y, ahora el cielo llamó a su ángel más querido, a esa mujer que sólo emitía flores de su boca, a esa gran dama que a todo pulmón digo que la amé como mujer, madre, persona y, sobre todo como sincera amiga.
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Hace unas noches, estando en un restaurante, cuando con la cuchara llena de sopa y a punto de comerla, sin saber el por qué, la solté tomé mi celular, seguía tanto mi esposa como yo sin saber qué se trataba, ella respetando mi intimidad, no preguntó, yo, marqué un número, algo me estaba forzando a hacerlo, desconocía lo que ocurría pero no me podía ni quería contener. Llamé a la casa de mi amiga Mary, la muchacha me informó que no estaba, que la habían hospitalizado, me dijo dónde, llamé, hable con mi hermano, su hijo Salomón a quien siempre he sentido como otro de mis hijos, pregunté por su mamá, insistí en que quería verla esa noche, ya era tarde, supuestamente al otro día sería nuestro encuentro.
El destino no lo permitió, se fue mi amiga sin poderla ver, pero su imagen permanecerá en mi mente y corazón por siempre.
Quiero Mary que sabiendo donde estás nos colmes de bendiciones, nos cuides, protejas, y en especial a los tuyos más cercanos Salomón, Rafael y Vivian, tus nietos y a tu biznieta, por supuesto que tu amor que es mayor de lo todos suponíamos te permitirá llegar a todos los judíos del mundo.
Que el Dios les de fuerza para soportar un vacío tan grande, que su memoria sirva para emular sus acciones y que mi palabra de hoy, pueda demostrar el amor que le tengo a ella y que desde ya pueden todos ustedes contar con él.
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