El tiempo es un recurso que nadie lo puede comprar, porque es un recurso no-renovable. Tenemos entonces que durante las 24 horas, saber distribuir en sus cuatro cuadrantes, que son : trabajo, personal, familia y comunidad, el orden puede variar, de acuerdo a las circunstancias. Definido esto, lo que más tiempo nos insume es el trabajo (o estudio), porque entre una cosa u otra
utilizamos por lo menos un tercio de nuestro tiempo útil en el día, pero es un tiempo necesariamente bien utilizado, luego nuestro tiempo personal, que lo utilizaremos en deportes, cultura, recreación, placeres, aseos personales y el descanso reparador. A la familia le dedicamos una parte de nuestro tiempo,
entiéndase comunicándonos y no estando con ellos simplemente como si fuéramos floreros, están los parientes ascendientes, abuelos, padres, tíos; luego los parientes horizontales, como el cónyuge, hermanos y primos, finalmente nuestros parientes descendientes, que son los hijos y los nietos. A la comunidad, aunque muchas veces no nos guste, también debemos dedicarle nuestro tiempo en la
buena relación con los vecinos inmediatos, participación en entidades culturales, deportivas, religiosas y si se quiere, también políticas. A grandes rasgos, desde mi óptica, eso serían los puntos centrales de la distribución de nuestro tiempo durante las 24
horas de cada día. Creo que de esa manera se evitan discusiones bizantinas en reuniones larguísimas, en conversaciones vacías de contenido, que no conducen a nada. Si utilizamos bien el tiempo en cada actividad, programada, se verán resultados que son fantásticos y cuando uno finaliza el día se sentirá pleno y satisfecho de haberlo vivido;
de esa manera haremos desaparecer el tan negativo aburrimiento, que en niño, jóvenes y mayores solo lleva a la depresión y consecuentemente acompañada del mal humor, que nos aleja de la buena convivencia. Tiempo que se va; no vuelve.
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