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Shvoong Principal>Arte Y Humanidades>Reseña de Un ultimo adios a un buen amigo

Un ultimo adios a un buen amigo

Reseña del Libro   por:samuelakinin     Autor : Samuel Akinin
ª
 
Gregorio Shapiro Un ultimo adiós a un buen amigo Acabo de recibir tu nefasta noticia, y no tengo tiempo de espera para reaccionar ante tal dolor. El sábado el mundo entero lloró, pues me consta que perdió a uno de esos grandes hombres que viene solamente una vez cada cien o más años. Gregorio Shapiro, mi buen amigo, mi gran amigo, mi amigo del alma, se cansó de estar enseñándonos y ahora estará cumpliendo con la misma labor en otras dimensiones. Hablar de un hombre tan especial, no es fácil, pues se lleva por delante todo los calificativos de bondad, de aprecio y de amor que el lenguaje castellano posee. Siento, en lo más profundo de mi corazón un dolor que emula al de la pérdida de mi mismo padre, pues él se dejo hacer querer en una medida muy similar. El aprecio que logró nacer en mí tu señor padre, es algo que no podría con nada del mundo transcribirlo, él, fue y debo decir es, ya que los grandes hombres nunca mueren, sólo se retiran de a poco, pues a cada momento se nos presentan con sus ejemplos, cariños, bromas y buenos consejos; él es un representante de número de lo que se podría llamar sin lugar a dudas, un amigo de verdad, un padre como pocos, que cada vez enunciaba cualquier cosa, siempre traía a colación a alguno de sus hijos, a quienes aprendí a querer y respetar por como él los describía; ni hablar de sus nietos, a quienes adoraba y veía en ellos la continuidad del pueblo judío. Se le hacia la boca agua cuando habla de ti, y no quiero ser deshonesto pues de los demás siempre tuvo buenas palabras, siempre se supo que había logrado hacer una buena familia, que sus hijos lo adoraban y que sus nueras, todas ellas en especial y particular eran merecedoras de su aprecio y gran estima. Cada vez que hablaba de su nieto el que estudiaría medicina, dejaba ver las cosas como sólo Dios puede vernos, pues el hálito de amor que mostraba, no era algo de este mundo era del más allá. Era un gran padre celestial prestado a esta tierra que lo admiró en todas las etapas de su vida. Sus nietas, eran como sus noviecitas, pues con que afecto no nos deleitaba en las travesías que pasaron juntos, si pues Gregorio era el hombre de mar, hacia honor al dicho que éste es el planeta agua del sistema solar, pienso que una gran parte de su vida la pasó flotando en esos mares que tanto le atraían, que le permitía poder estar mas cerca del cielo y de su muy amada esposa Pola, acá vale la pena detenernos a pensar un poco, a saborear como con miel, el placer que este hombre sintió por su compañera, podría escribirse otra novela de amor al estilo de Romero y Julieta, pues no era posible ver a uno sin el otro, y esta demostración de puro amor entre dos seres, me lleva a pensar, meditar y medio ver el dolor de la separación entre ellos.
No puedo imaginar mayor dolor que éste y me preocupo, lo hago por que conozco a Pola, a quien siempre supe querer pues si Gregorio la amaba, era por que ella era otro ser tan especial como él. Mis labios se secan, tienden a callarse pues el dolor no se puede amainar. Lo único que sé y me consta que tuve la dicha que pocos tienen y es que conocí y fui amigo de un ser como pocos, de un hombre espectacular, de un amigo sincero, directo, claro, ameno, noble, bondadoso, buen padre, mejor abuelo, inigualable judío, envidiable romántico, conocedor de los miles de secretos mundanos por vivencia propia, e incapaz de hacer un mal ni a su peor enemigo. Gregorio, se que estás con nosotros, y que mis palabras serán recibidas con el mismo afecto que lo solías hacer cada vez que nos encontrábamos en cualquier parte del mundo y mismo con la ayuda de ese cable telefónico que nos acercó tantas veces. Te digo hasta luego pues quisiera el día que me toque ir, me esperaras y acompañaras ya que amigos como tú hacen falta hasta en el cielo. Sirvan mis palabras de aliento y paz a su familia que al fin y al cabo son los verdaderos perdedores, son ellos a los que les han quitado una luz tan brillante, son ellosa los que se les debe compensar con algo mas de amor. Son ellos y tú en especial Pola los que deben tener resignación, pues la pérdida es irrecuperable, pero me consta y se, lo que nos dejó a todos con sus: vivencias, afecto, amor, abnegación y aprecio, nos acompañará por siempre. Que Dios lo reciba con el mismo afecto que lo entregamos, que cuide de su alma y que desde ese sitio privilegiado que sé ahora posee vea por su familia, sus amigos y por todos los hijos de Israel, ayudando a que este mundo entre en la etapa de paz, y digamos todos, Amen. Samuel y Anita Akinín Admiradores y amigos
Publicado el: 15 julio, 2007   
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